Todos los días son domingo

 

 

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El verano en Alemania ha sido de mentirijilla. Cuando nos hemos querido dar cuenta ya se ha ido. Ahora el tiempo es tremendo. Agua a cada 5 minutos, parón, viento fuerte, venga a llover de nuevo, nubarrones, claros, nubarrones de nuevo, venga a llover un poco más. Y mientras ocurre todo eso tu cabeza anda loca y tu estómago también. Herlitz Willkommen  in Deutschland.

Cosas que me siguen llamando la atención por aquí. Ya no es que vaya la gente mayor con tacatacas, que los hay, y no les da cosa que los vean con ella, es que aquí como manejan pasta, los señores mayores, van con la silla eléctrica esa, silenciosa y rápida una cosa  mala, que si te despistas o das un paso en falso te arrollan. Una vez vi pasar un señor mayor por la calle principal del pueblo a 50 kms por hora o así, rapidísimo. Siempre me los imagino derrapando y volcando estrepitosamente. Qué peligro.

Las casas, no me canso de mirarlas, se gastan muuucha pasta en construir casas espaciosas con sótanos donde vete tú a saber qué esconderán en cada uno de esos sótanos. Cómo suele hacer mal tiempo, tienden a acumular cosas en casa, sobre todo en sus sótanos. ¿Para qué tanto?

Ayer fuimos a Bocholt, la ciudad más “agradable” para pasear que hay por aquí cerca, en el norte, cerca de la frontera con Holanda. Las ciudades del sur, por la cuenca del Ruhr son otra cosa, hay un puñado de ellas pero es cierto, son otra cosa. El caso es que parece domingo cualquier día. Todos los días son domingo. Ruhe, calma, tranquilidad, tanta que hasta me molesta. Hay gente paseando, tomando un helado en familia, o no, unos músicos polacos o rumanos en mitad de la plaza del ayuntamiento tocando temas populares con sus acordeones, guitarra y cajón… sin ellos el centro sería tan soso como suele ser en cualquier centro de cualquier ciudad de por aquí. Al final sin buscarlo acabo comprándome una buenas botas de piel de cara para el invierno. Winter is coming, y nunca mejor dicho, los inviernos son largos aquí, hay que prepararse.

Hace poco en el trabajo empezamos hablando de cervezas, de las españolas y las alemanas (las cervezas), y acabamos hablando de Hitler, Mussolini y Franco. Es la primera vez que oigo hablar del Führer en Alemania por boca de un alemán. Se me hace curioso explicarles quién era nuestro pequeño dictador y contarles que era coleguita de su Führer.

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La isla de Norderney.

En fin, y los días pasan, y los planes se van tejiendo. Cosas sencillas. Probar a visitar más al sur de Colonia, donde las montañas hacen acto de presencia y los castillos rimbombantes abundan. O visitar el norte, la isla de Norderney , con sus dunas, su viento para hacer surfing como en Cádiz, pero un poquito bastante más frío. ¡O visitar Hamburgo!, la ciudad que vio los inicios de los Beatles.

Pero no todo va a ser el norte. Pronto haremos una visita al sur para escapar de “fresquito perenne” de estas tierras. Ya hago como los alemanes, viajar a cualquier destino en busca de calorcito. Ya mismo me visto como los del Oktober Fest con sus patalones de cuero y sus calcetines largos. Tiempo al tiempo, que lo tenemos a la vuelta de la esquina.

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Cadaqués, la Xocolatera de Pals y el Bulli

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Aiguablava, en la Costa Brava

Primer día de trabajo y salgo a la calle con chaqueta y abrigadito, 10 grados a las 6 de la mañana. El resto del día estuvo de lujo, solecito tirando a calor y nuevo puesto de trabajo mucho más bonito que en Bottrop.

En pocos días uno vuelve a la “normalidad” alemana, pero con los recuerdos todavía frescos de las vacaciones, que no son otras que volver a casa con los tuyos y  encadenar salidas y reencuentros con unos y otros, moviéndonos como peces en el agua con la moto. El mejor plan de todos estos años en los que siempre bajé en coche. En avión salió económico, te ahorras el cansancio del viaje y disfrutas de las salidas en moto sin tener que dar vueltas y vueltas para aparcar.

 

Cada vez me gusta más Mataró, el centro bulle cada día, rebosa de vida en la calle. Los niños juegan en las plazas. Los padres toman relajados un café o una cervecita con los amigos o la familia. Esta espontaneidad que no se tiene en cuenta porque es el pan nuestro de cada día, no lo es tanto en los países del norte. En Alemania dan mucha importancia a la casa y a una vida acomodada. Construyo casas para familias de clase media donde podrían vivir  tres familias juntas en cada casa , son enormes, como las hipotecas en las que se meten. Su vida girará alrededor de la casa y la familia, y un buen coche familiar, 4×4, a ser posible, aunque no haya una montaña a la vista en 100 kms  a la redonda. Lo que vengo a decir es que con mucho menos se puede ser feliz. He llegado a esa conclusión después de 6 años en el extranjero.

 

Estas vacaciones visitamos pueblos del Maresme, tirando a la montaña. Resulta que están en los primeros puestos de entre los pueblos más caros de España en cuanto a hipotecas y alquileres, y el nivel de vida en general. Ahora entiendo más el porqué. Lo tienen todo; el clima, la proximidad con Barcelona y con la autopista para plantarse en la costa Brava o donde quieran. El mar, la tranquilidad…

Hablo por los codos /La  Xocolatera de Pals

Me viene pasando con frecuencia, y cada vez que vuelvo lo hago inconscientemente con más gente, hablo por los codos con cualquiera. Esa locuacidad se debe a que aunque pueda hablar en alemán, comunicarme con la gente, aunque se me atraviese más de un verbo, no se puede comparar si hablas tu lengua materna y sabes y dominas la idiosincrasia (he metido esta palabra con calzador porque me encanta) de los españoles, o catalanes si me apuras. Uno de los casos más claros fue en Pals, el pueblo Medieval de Baix Empordà (bajo Ampurdán). Estábamos mirando los productos típicos de la zona en una tienda de souvenirs del pueblo medieval. El flujo de turistas no paraba de entrar y salir de ésta y todas las tiendas que se les cruzaban en el camino. La chica que atendía la tienda esperaba detrás del mostrador en silencio. Al final quedamos solos nosotros dos, mira que mira. Lo más interesante para mí la Ratafía y la xocolata de Pals, chocolate negro y con nueces. Riquísimo. Cuando nos acercamos al mostrador para pagar lo que nos queríamos llevar, fue cuando empezamos a hablar con ella y allí ya le cambió el semblante, eramos turistas sí, ¡pero majetes también! Primero que si que bonito era Pals, luego que si venían muchos turistas. Y luego enlazamos un tema con otro hasta hablar inevitablemente del independentismo. Pero sin fanatismos, oiga. Hasta que comentamos que visitamos Peratallada, Begur y sus playas con el Camí de Ronda Por un programa alemán llamado Wunderschön dedicado  la verdadera Costa Brava. Y le interesó mucho el tema porque ella también hacía documentales.

Poder hablar un ratito con una persona que no conoces de todos los temas sin tener que estar pensando todo el tiempo como decir las frases cuando hablas alemán, es un gustazo. Xocolatera de Pals, por llamarte de alguna manera, espero que hayas encontrado el programa que te dijimos por Internet  o si por casualidad llegas a leer esto, que puedas verlo por el link que he dejado más arriba. 😉

 

Cala Montjoi, El Bulli y Cala Jóncols, o lo más parecido a el fin del mundo

En nuestro paseo por la Costa Brava nos dirigimos a Cadaqués, pero se nos ocurrió la brillante idea de probar otra ruta, que acabó llevándonos a Cala Montjoi, el rincón perdido donde estuvo por muchos años el mejor restaurante del mundo, El Bulli. Ahora está en obras, todo destartalado, abandonado. Pero la parte más sorprendente fue el camino de Cala Montjoi a Cala Jóncols, donde hay un hotel con un xiringuito de lo más fashion con actuaciones musicales cada día. El día que visitamos era uno de los pocos días lluviosos de este verano y el camino de tierra con las vistas a los acantilados de la costa brava eran sobrecogedores, como en el fin del mundo, inhóspito, salvaje, solitario. Cuando vimos que el camino no tenía salida, que terminaba en aquella cala escondida, nos queríamos morir. Volver de nuevo dirección a Roses, muertos de hambre y todavía teníamos que pasar el puerto de montaña que te lleva a Cadaqués. Que ni siquiera los días fríos y lluviosos se libra de la afluencia de turistas. El encanto del pueblo lo pierde al son de los clicks de cada foto que saca cada turista que pasea por sus calles. PortLligat,    por el contrario sigue siendo un sitio especial, el rincón donde está la casa museo de Dalí, donde vivió largos años el pintor.

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La casa de Salvador Dalí, en Portlligat

Pero lo bueno pasa rápido, las vacaciones terminaron tan rápido como las golosinas en la puerta de un colegio. Ahora de vuelta, sin prisa pero sin pausa. Llena de silencios, de calma entra tanta naturaleza. Parecerá extraño pero pienso lo mismo que decía Martín en la película Un Franco, 14 pesetas cuando echaba de menos el bullicio de la Gran Vía de Madrid. Lo que daría yo por estar al final del carrer Barcelona, sentado en una de las terrazas, tomando unas cañas y viendo a la gente pasar.

 

 

 

 

 

 

 

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