El barquito chiquitito

Vuelven las veletas. El tonto de las veletas.

Estos días, voy con la antena puesta en busca de veletas que capturar. En Alemania se llevan más las casas que los edificios, así que se multiplican las posibilidades a la hora de encontrar una veleta interesante que no sean los típicos gallos de las iglesias.

Esta veleta del velero la encontré cerca de casa. Nunca había reparado en ella hasta hace unos días, pasando cerca del cementerio de un cementerio judío. Se me hace raro ver una veleta con un motivo marinero tan lejos del mar. La playa más cercana está a algo más de 200 kms si vas a Holanda, y a un puñado de kilómetros más si vas al norte, a las costas teutonas, que haberlas haylas.

El barquito chiquitito

Había una vez un barquito chiquitito 
Había una vez un barquito chiquitito 
Que no sabía, que no sabía, que no sabía navegar. 

Pasaron un dos, tres, cuatro, cinco, seis semanas 
Pasaron un dos, tres, cuatro, cinco, seis semanas 
Y aquel barquito y aquel barquito, 
y aquel barquito navegó. 

Había una vez un barquito chiquitito 
Había una vez un barquito chiquitito 
Que no sabía, que no sabía, que no sabía navegar. 

Tal vez ese velero y yo tenemos cosas en común. Los dos estamos muy lejos de casa, al menos de la que conocimos en nuestros primeros años.  Pero aquí estamos, esperando mejores vientos, y disfrutando de nuestro nuevo puerto.

Otoño en Niederrhein

Estos días ando aprovechando que el otoño se está comportando y nos está dejando disfrutar del espectáculo del otoño. Me muevo por acá, en el Niederrhein, o Baja Renania, a las puertas de la región de Münsterland (siempre me encantó este nombre). Su capital es Münster, la ciudad de las bicicletas de Alemania. Y de bicicletas va la cosa.

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Mi bici holandesa.

He vuelto a usar mi bicicleta holandesa de tres marchas. Hoy, aprovechando el buen tiempo, he hecho una ruta de 17 kms tomando una de las numerosas rutas que tienen para bicis. Caminos de tierra y a ratos asfaltados que te meten por bucólicos campos y impresionantes bosques que justo ahora, al empezar  a caer las hojas y ser un abanico de colores típicos de otoño, hacen que el paseo sea una gozada.  Lo sé, debería ilustrar con fotos esto que cuento, pero últimamente me dejo de fotos y simplemente pedaleo y disfruto del paisaje. Las casas de klinker, como se les llama a las casas de obra vista, de ladrillos vistos vaya. Los bauers, los granjeros, tienen unos casoplones de aupa, el campo da dinero por estos lares, sino no me lo explico. Qué bien preparados están.

Estos días, las aves migratorias vuelan en formación, en forma de flecha, siguiendo al líder. Van al sur, en busca de tierras más cálidas. La naturaleza es sabia. Emigran por necesidad. Tanta ingeniería y tanto progreso y no nos diferenciamos tanto entre un hombre y un pájaro.

 

Dejo por aquí el link de un álbum de fotos del fotógrafo Georg Sauerland dedicado al otoño en la Baja Renania. Es tal y como se ve en esas fotos.

Cerca de las estrellas

Una mañana de abril Anna y Rita, abuela y nieta, andaban trabajando cerca de la granja. Recogían las hortalizas de la temporada. Las dos iban ataviadas con sendos pañuelos para protegerse del sol. Recogían las hortalizas de forma provisional con sus delantales. A media mañana ven caer algo a lo lejos, en el cielo. Nunca vieron nada parecido. Soltaron las hortalizas que tenían recogidas en sus delantales y fueron a acercarse a ver qué fue lo que vieron caer. En medio de una polvareda, vieron aparecer a una especie de marciano encapsulado, pero de color butanito. Se acercaron un poco más hasta que se lo tuvieron enfrente.

  • ¿Vienes del espacio? Preguntó la anciana.
  • Ciertamente, sí. Replicó la extraña criatura.

 

Se trataba de Yuri Gagarin, el primer cosmonauta que orbitó sobre la tierra en 1961. La capsula con la que aterrizó de la Vostok, la nave con la que orbitó sobre la tierra. Anna y Rita en realidad se llamaban Anijaiat Tajtarova y Rumiya Kudashova. Pero los medios soviéticos les cambiaron los nombres porque no le parecían lo suficientemente soviéticos para ellos. La nieta, Rumiya Kudashova, todavía vive.

Gagarin afirmó en sus comunicaciones con la tierra, desde el espacio que no veía a ningún Dios ahí arriba. Seguramente desde allí arriba, en medio de ese espectáculo inmenso para nosotros que es la Tierra, nuestras vidas resulten insignificantes, cuanto menos nuestros problemas, rencores, anhelos, sueños… Hay algunos reportajes que recopilan las vidas de esos astronautas  que han orbitado por el espacio que confirman que su vida cambió para siempre después de tal experiencia. Mayormente para mal. Tal vez, ver la vida desde tal perspectiva, mucho más alto que desde la mesa del profesor de El Club de los Poetas Muertos (minuto 1:42) , sea demasiado para unas pobres criaturas bípedas como nosotros.

Aún sabiendo de los riesgos que tiene viajar al espacio, uno siempre se queda con las ganas de estar ahí, más cerca de las estrellas.

 

Sur o no Sur

Este sitio lleva sin actualizarse durante semanas. No es para menos, estas últimas semanas han sido moviditas, muchos cambios y cosas pendientes por solucionar. Todas las cosas han salido como fueron pensadas y planeadas. Aunque mi trabajito me ha costado. Me llevo la experiencia de mi estancia en Mallorca como algo necesario y útil. Ha sido muy interesante conocer un poco más cómo son los mallorquines, y sobre todo cómo se comportan los alemanes en Mallorca, ahora entiendo el porqué de su eterno idilio, pero la gran mayoría no se queda allá, porque el dinero y los recursos del bienestar del estado lo tienen los países del norte, no los del sur. He visto el amanecer en Cura, en las playas de Muro, los atardeceres en Es Trenc, en Colonia de Sant Jordi, en Biniaraich. Hemos recorrido y visitado casi todos los pueblos de la isla, muchos de ellos en moto. Sin prisas, maravillados de una naturaleza que te carga las pilas, una luz clara, un cielo azul, hasta un día de lluvia es bonito allí. Pero lamentablemente la especulación está a la orden del día. Hay trabajo, pero el dinero, el dinero fácil y rápido es para los listos, los que explotan a los de abajo. No mola. La codicia de muchos propietarios es insaciable, aumentan sin parar los precios de los alquileres y los precios de los pisos y casas, o cualquier cosa ruinosa que tengan de propiedad. Embrutecen una forma de vida que ha cautivado a gente de todas partes del mundo. Vivir en Sineu ha sido una gozada, el tiempo era nuestro, seguía su curso. La prisa mata amigo. Volveremos, seguro, pero no nos meteremos en la ruedecita de hamster que nos quieren meter.

Por un lado, puedo tener la oportunidad de seguir visitando con cierta facilidad ciudades de Alemania, Holanda, Bélgica y Francia, incluso los países del este, o las islas de los Beatles. No hay mal que por bien no venga.

Ya no me llaman ni el Suizo, ni el alemán, ni el mallorquín. Me llaman el nómada, porque siempre voy de aquí para allá. Juro que no era mi intención, que nada de esto estaba planeado. Como tampoco estaba planeado encontrarme  tanta mala leche y miseria. Demasiado tarde, ya no soy el típico españolito que traga y traga como el faquir traga puñales. Salvando las distancias de los emigrantes latino americanos, de los países del este, lo sirios, los iraníes, indios, africanos… porque lo suyo si que es serio, porque he escuchado los problemas y anhelos de cada uno de ellos de su viva voz. Las palabras de esta canción de Kevin Johansen me resultan tan proféticas… Esta vez no hay fotos, no hay más links. Estamos de vuelta en Alemania, vamos a darle la vuelta a la tortilla.

 

Me voy porque acá no se puede,

me vuelvo porque allá tampoco

Me voy porque aquí se me debe,

me vuelvo porque allá están locos

Sur o no sur…

Me voy porque aquí no me alcanza,

me vuelvo porque no hay esperanza

Me voy porque aquí se aprovechan,

me vuelvo porque allá me echan

Sur o no sur…

No se por que pasa lo que me pasa,

quizás sea la vejez

Quisiera quedarme aquí en mi casa,

pero ya no sé cual es

Sur… o no sur

Cala Sant Joan y el derecho a perderse para encontrarse

Cinco meses dan para bastante para descubrir caminos, pueblos, calas, playas, montañas, valles hinóspitos y sorprendentes, llanos donde la luz lo inunda todo. Tenemos sin duda nuestra playa  más recogida y bonita y cercana. Se trata de la Cala de Sant Joan, que no la de Sant Pere, a sólo 3 kms de Alcúdia.

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Cala de Sant Joan

Nos bañamos, hacemos snorkel, escuchamos a los bañistas, en su mayoría, hablar en español. Llámenlo como quieran, pero se hace todo más distendido. Las puntas de las montañas que rodean la bahía de Pollensa protegen el lugar del mar bravo. Las vista de las montañas de la Tramontana son interminables, hasta el cabo de Formentor, donde termina con el famoso faro de Formentor. Después de un buen baño de agua y de sol, volvemos a Alcúdia para hacer unas compras, compramos trampó y algunas cosas más para comer por el camino. En el centro están de fiestas, una feria de gegants, algo muy típico en Catalunya y por lo visto en Mallorca también.

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Els Gegants de Alcúdia

Un poco más tarde se nos ocurre volver al mismo sitio, a Cala Sant Joan. Aparcamos en un inusitado aparcamiento vacío con vistas a la Cala y a parte de la bahía. Lujazo máximo para cenar a la fresca. Una pareja a nuestra derecha ya aparcó su bulli, su Volkswagen T3 mirando hacia el mar para ver las vistas de noche y levantarse viendo el amanecer con una vistas impresionantes de la bahía. Esa sensación de libertad es impagable. Los envidio. Tomo nota para un futuro no lejano.

Se nos ocurre explorar más adelante, donde parece que acaba la calle, ya de tierra. La zona se llama Manresa, y tiene una especie de castillo o algo así que culmina la pequeña loma, una especie de saliente, de cabo que entra en el mar. El camino y su vistas son espectaculares. Nada de hoteles ni nada parecido. Sólo el mar y las rocas, y al fondo la Tramontana y las luces del Port de Pollença. Es entonces, y sólo entonces cuando veo tanta agua a mi alrededor, que me acuerdo que vivo en una isla.

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Desde el cabo de Manresa, reserva natural. Al fondo el Port de Pollença

Encontramos ya anocheciendo, casi sin saber por donde pisamos, un enorme agujero natural, con formas caprichosas en la roca, como si lo hubiera tallado el hombre. Pero no, es todo natural, es enorme. Algo digno de ver a plena luz del día.

Héroes y forajidos

El otro día, me senté a hacer la sobremesa en el sofá. Después de la comida y el calor descacharrante de fuera, lo que apetece es relajarse un poco. Hice un poco de zapping y me encontré con un capítulo de Curro Jiménez, aquella famosa serie de mediados de los setenta.

Curro Jiménez me retrotrae a los años en los que las sobremesas de aquellas tardes de verano  eran largas, eternas, sin prisas. Hacía calor y lo mejor que podías hacer, si no tocaba playa, era ver la serie. Porque la veías sí o sí, todo el mundo la veía. Así las recuerdo yo de mocoso.  Estas últimas tardes tranquilas y soleadas me recuerdan a esos días, cuando no sabía bien de qué iba la lucha de Curro Jiménez,  qué eran las injusticias, los miserables y la dignidad.

Robin Hood, William Tell, William Wallace…. Héroes entre la vida real y la leyenda. Curro Jiménez era una ficción, en realidad, según cuentan las crónicas de la época, el bandolero real en el que está inspirada la serie, era una persona cruel y despiadada. Pero si nos ceñimos estrictamente a la ficción, tenía todos los ingredientes que tenían los personajes anteriormente mencionados. Una vida vilipendiada, ultrajada por gente poderosa y cruel. Todos ellos, cansados de dejarse pisotear, tomaron la justicia por su mano, se convirtieron en forajidos, se pusieron del lado de los débiles frente a los opresores. Con resultados dispares, todo hay que decirlo. De alguna manera u otra, pagaron el precio por rebelarse ante lo establecido.

Eduardo I, el sheriff de Nottingham y Juan sin tierra, el gobernador Hermann Gessler… los malos, los abusones siguen campando a sus anchas. Como cantaban los Vetusta Morla en Saharabbey Road;

Tan sólo seremos libres cuando no haya más que perder.

Pues parece que a la población, así en general, todavía le queda cosas que perder. Sino, no me lo explico.

“Insurrección” de El Último de la Fila, también es un buen tema, dedicado a todos esos héroes y heroínas anónimos que no se quedan de brazos cruzados y no se lo ponen tan fácil a la  infamia y a los nubarrones que revolotean sobre nuestras cabezas. 

 

 

Vistas despejadas, o el derecho de vivir en paz

Llevamos un puñado de pueblos visitados ya. Los últimos han sido Ariany y Petra. El primero es pequeño, bastante pequeño, pero tiene unas vistas desde el jardín de la iglesia espectaculares. El pueblo entero es un gran balcón con vistas coronando lo alto de una colina desde donde se puede ver el gran llano de Mallorca situado en el centro de la isla. Puedes ver más allá. Puedes ver Petra, un pueblo con mucha historia, a dos pasos de Manacor. Puedes ver a lo lejos Llubí, otro pueblo situado en lo alto de una colina, otro pueblo con vistas. Pero es que el domingo estuvimos en Santa Margalida, otro pueblo con vistas espectaculares, desde su gran mirador, también pegado a la iglesia, puedes ver desde el sur el mismo inmenso llano, vislumbrando a lo lejos los diferentes pueblos encaramados en sus respectivas colinas. Otro pueblo con vistas, más al sur y al este todavía es Artá, con una vegetación diferente al llano de Mallorca, más verde y silvestre.

Estos últimos días ha estado lloviendo intermitentemente, ahora llueve y nubla, ahora sol, ahora truenos y relámpagos ahora despeja… Parece como la vida misma, una de cal y una de arena. Cuando ocurre eso me subo a uno de esos numerosos pueblos con vistas y me paro a contemplar esta isla llena de contrastes, de los que viven muy bien y de los que apenas tienen para subsistir. Me recuerda a esa canción de Silvio Rodríguez, Sueño con serpientes , un mal sueño del sistema capitalista, que intentas matar y sale una y otra vez.

Hoy se cumplen 45 años del asesinato de Víctor Jara, cantante, compositor, pacifista. Sólo armado con su voz y su guitarra. La canción de abajo trata sobre la libertad del pueblo de Vietnam, pero vale para todos los pueblos oprimidos y vilipendiados. El derecho a vivir en paz.

 

Me han robado la Mountain Bike

Me han robado la mountain bike, y no ha sido en la Plaza Real, como cantaba Sergio Makaroff.

Ocurrió hace un par de días. Mona se llevó mi mountain bike para dar una vuelta por un pueblo cercano, uno de los más bonitos y que pasan más desapercibidos de la isla. No lo mencionaremos para no dar pistas sobre la identidad del protagonista que en breve voy a narrar.

Después de varios kilómetros pedaleando, Mona llegó al pueblo que le enseñé días atrás en un paseo en moto. Le encantó igual que a mí cuando lo visité por primera vez. Sus vistas, su vegetación, la tranquilidad que se respira… mignon, como dicen los franceses. Un pueblito con encanto. En eso que llega al centro del pueblo y aparca la bici a un lado poniéndole el candado para disponerse a dar una vuelta por sus calles. A su vuelta se fija que la rueda trasera está pinchada. Shit! tiene que llamar a mis compis para que vayan a buscarla. La pasan a recoger pero la bicicleta queda allá, amarrada, no cabía en el coche. Quedó allá para cuando yo volviera del trabajo para meterla en mi coche.

Por la tarde fuimos a buscarla y nos llevamos la sorpresa. No estaba. Había  atado la bici entre la rueda y el cuadro de la misma, sin atarla en una farola o algo parecido. Ya la liamos. Miro a mi alrededor a lo  John Travolta, hasta que caigo en la cuenta que en el bar de enfrente alguien ha debido ver algo. Demasiada gente en la terraza para que a alguien le hubiera pasado desapercibido.

Pregunto a la mujer del bar y me dice que no sabe nada, empezó su turno al mediodía. En eso que un señor que estaba en el extremo de la barra del bar se nos acerca y nos dice:

– ¿Sois los dueños de la bicicleta? Yo sé quién la tiene.

Nuestra cara de sorpresa es innegable…

– ¿¿Quién la tiene??

– La policía.

– ¿Porqué? ¿estaba prohibido dejarla ahí?

Nos contó que un policía municipal la vio ahí sola y decidió guardarla en su almacén al ver la posibilidad de que alguien se la llevase cargándola al hombro. El policía hizo como en aquella peli protagonizada por Tom Cruise, donde actuaba antes de que se cometiera el delito, se anticipó  a las posibles fechorías de los amantes de lo ajeno. Al día siguiente llamé a la policía local y le expliqué lo ocurrido. Él me contó su versión de lo ocurrido y se excusó por su acción argumentando que ya habían robado más de una bicicleta en el pueblo.

Fin del misterio con final feliz. Mañana toca cambiarle la cámara y a rodar de nuevo se ha dicho.

Un lugar en el mundo

Empiezo de nuevo con la misma tónica, disculpándome por mis ausencias por este blog. Algo que odiaba en el pasado cuando lo decían los blogueros de antaño de principios del 2000, cuanto empecé en esto de los blogs. Algunos seguimos por aquí, a la deriva, como si de un naufragio hubiéramos acabado todos dispersándonos.

La razón es simple. Muchas cosas nuevas, muchas visitas a los rincones de la isla, muchas averiguaciones para encontrar mi sitio, nuestro sitio. Todo por hacer, como titulaba en mi primer post en esta nueva etapa en Mallorca. Tomar decisiones desgasta, física y mentalmente, pero lo prefiero a mustiarme poco a poco. La vida hay que tomárselo en serio,  no dejar que otros decidan por ti.

Me acuerdo de unas declaraciones que hizo hace años Miguel de la Quadra-Salcedo, incombustible aventurero y corresponsal de guerra. Venía a decir que el tiempo que dedicamos a dormir en nuestra vida es frustrante, la de cosas que podríamos hacer con la mitad de ese tiempo de sueño. Un cuarto de tu vida.  Pues parece que sus palabras resuenan en mi inconsciente, no paro mucho tiempo por casa, hay que mirar cosas, descubrir otras tantas, trabajar para comer y pagar facturas… ¡qué sin vivir!

Sigo descubriendo sitios, como Orient, uno de los pueblos más inhóspitos de Mallorca, situado entre Bunyola y Alaró en un valle perdido en medio de la sierra de la Tramontana. Reina el silencio.

Ir al mercado de Sa Pobla se está convirtiendo en una costumbre de las mañanas del domingo. Compramos fruta y verdura fresca, directa de los payeses y cae normalmente una cañita por allá. Visitas a más calas, agradables visitas venidas del extranjero…

Estos últimos días la moto me está salvando de pelearme para encontrar aparcamiento en el centro de Palma. La mejor decisión que pude hacer, traérmela para acá. Poco a poco nos vamos haciendo al lugar, al ritmo de vida isleña. Será toda una experiencia pasar el invierno aquí. Tal vez sea más que interesante, toda la isla para ti, fuera calores, fuera turistas.

Toda esta batalla que es la adaptación a un nuevo lugar, porque no todo tiene porque ir sobre ruedas, porque hay que superar y conquistar los problemas, pelearlo, y una vez ganada la batalla, disfrutar, disfrutar todo lo posible de las cosas sencillas, o de lo que tú más quieras.

Echando la vista atrás, de tanto trasplante de maceta, de no saber dónde echar raíces, ni tan siquiera si quieres echarlas, uno sólo aspira a ser feliz durante este viaje, a encontrar un lugar en el mundo, donde te sientas bien. En esas estamos.

El viernes fuimos a un festival en Palma, el primer festival de Malditos Cantautores, un ciclo de conciertos enfocado a promocionar la música de las islas, invitando también a músicos de la península. La noche del viernes fue perfecta, un cartel de 10 artistas tocaron durante más de 7 horas en un lugar con encanto como es “Sa Posessió”. Volví a ver  a viejos conocidos que siguen en pie de guerra como Riki López o Daniel Higiénico y a otros nuevos que me maravillaron como Capitán Cobarde (Albertucho), Sheila Patricia, Mr Kilombo. Uno de los agradables descubrimientos fue ver a Muerdo en concierto, canta bonito, tiene alma y una juventud insultante para las tablas que tiene sobre el escenario.  Os dejo con una de sus canciones que como tantas otras, me inspiran y me dan aliento para seguir con esta aventura. Lejos de la ciudad.

No saben de donde vienen

y menos a donde van…

 

pd. Esta es la entrada número 80. La tontería da para rato largo.

pd2. La imagen de cabecera es de las vistas desde lo alto de una de las montañas de Locarno, en el Ticino, en Suiza.

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