Tirarse a la piscina

1983, piscina municipal de Mataró.

Me alejo de las taquillas de los vestuarios, tengo 6 años, arrastro la toalla con parsimonia, con pinta de hormiga atómica con mi gorrito de goma que previamente me había enrroscado como pude. Estamos en el curso de natación. Se divide en dos grupos; los adelantados, y los otros, por llamarlos de alguna manera. Yo soy de los otros, como no podía ser de otra manera. Espero el turno para tirarme a la piscina, trago saliva, la espera es un martirio.

A cada pitido del silbato, los niños se tiran y luego se agarran a una especie de tubo de corcho que lleva el instructor, y así sucesivamente. Hasta que me toca a mí. Me lo pienso, me apuran a que me tire. Me tiro. Acabo tragando agua, como siempre. Me agarro como puedo al tubito del instructor y empiezo a nadar como un perrito. A medio camino, el instructor decide que suelte el tubito y nade por mi mismo. Le digo  que no me lo quite, que no podré solo sin el tubo. El instructor, como un reflejo de la vida que me espera, no tiene miramientos, hace lo que tiene que hacer. Me lo quita. Entro en pánico y empiezo a lloriquear. A eso que su compañera, otra de las instructoras, una chica joven, una sirena con chanclas, se acerca a ver qué pasa. El chaf chaf, que hace al andar por el suelo mojado me suenan a gloria, son los chaf chaf más bonitos que había oído en mi vida. Mi salvadora, my love.

La chica le reprende a su compañero y le agarra de un tirón el tubo de corcho. Me lo acerca con una sonrisa en la cara. La miro con una mezcla entre enfado y alegría, agarro el tubo y sigo nadando. Tres metros más allá, cuando me veo seguro, lo suelto y termino el recorrido solo.

Necesitaba mi tiempo, como para cada cosa que hice en mi vida. Ando lento, como lento, salvo la tortilla de patatas, y decido las cosas tomándome mi tiempo. Sigo tirándome a la piscina, no sin miedo, pero sí sabiendo que es la única manera de aprender y mejorar, o conseguir lo que uno quiere. “Comerse to lo rico sin quitarle a nadie ná”, como diría Maui. Hoy que vuelve a ser un día de perros, un día cerrado, lluvioso y frío en Alemania. Sé que me tocan más piscinas a las que tirarme, sólo necesito ver el momento.

 

pd. El olor a cloro de las piscinas me recuerdan inevitablemente a la primera vez que tuve que tirarme a esa piscina. A esa y a todas las de la vida, aunque no huelan a cloro.

Como lágrimas en la lluvia / Mi profe escribe de rodillas

Hoy, leyendo a la carrera un post muy interesante de Montse, la autora de Kartoffel tortilla, me di cuenta que estoy acostumbrándome a decir adiós a mucha gente. Voy como de oca en oca, de un lado para otro, o son la gente que está a mi alrededor los que se van yendo. Porque todos tenemos planes y ya no nos quedamos en un sitio para toda la vida. Hoy en día la gente va de aquí para allá y lo de las raíces, como ya comenté en un post anterior, pues como que no llega uno a echarlas. Mi jefe en Suiza, me dijo muchas veces eso, lo de las raíces, que buscaban siempre a gente que echara raíces en el pueblo donde estaba su firma. Porque es así que pueden contar con ellos, gente que no tengas que explicarle nada ni que tienes que preguntar nada porque ya lo sabes todo de esa persona (es un decir).

Pues eso es lo que me pasa, no en el trabajo, que también, sino en la vida en general, que voy conociendo a gente interesante, o muy interesante, maja, o no maja, pero que no me conocen de toda la vida, ni yo a ellos, que muchos de nosotros estamos de paso, todos esos momentos se perderán en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Vale, esto último  es de  Blade Runner, pero  quería meterlo con calzador.

Pues sí, uno está acostumbrándose a llevar sus cosas, las pocas que uno tiene, de aquí para allá, como si llevara su casa  a cuestas, como los caracoles. Es cierto que las amistades con el tiempo y la distancia, pues eso, se distancian. Ellos tienen su vida allá y tú aquí. Es inevitable. Llega un momento que ya casi nadie se pregunta qué es de ti . Una de las cosas buenas es que ya no ves ni te enteras de la último pollo montado por la Belén Estebán, o cualquier otro personaje televisivo machacón. En eso la distancia se convierte en una gran ventaja.

Mi profe escribe de rodillas

Los cursos de la VHS son entretenidos. Igual me apunto a algún otro además del de alemán. Hoy por ejemplo sólo éramos dos chicas polacas y un servidor. Un lujo aprender alemán así, gratis, porque lo mío es regalao. El profe, que sustituye mira tú por donde a su mujer, que ahora está pasando unos días en Mallorca, ¿dónde si no?, es muy aplicado. Se rompe la cabeza para que entendamos ciertos tecnicismos alemanes que para un extranjero nos cuesta entenderlo a la primera. Hoy, en su afán de escribir ejemplos de frases se le ha acabado el espacio en la pizarra y ha acabado escribiendo de rodillas con la lengua sacada como clara mueca de concentración. Lo dicho, un lujo tener profesores tan entregados.

Y nada amigos que ya tenemos pronto de nuevo el glüwein, los Weihnachtsmarkt y todas estas cosas típicas navideñas teutonas. Os dejo un cover de On the road again de Canned Heat cantada por Katie Melua. A ver si meto más cuñas musicales en el blog con calzador como lo de las lágrimas en la lluvia, o como nuestro Rey.


Viviendo como un holandés

Venimos encantados de Holanda. Aprovechando los días festivos del día de todos los santos y demás. Llámadlo como queráis, son festivos. Uno de los atractivos de ir a Holanda, además de que nos queda relativamente cerca, unos 150 kms y ya estamos en el centro del país, es que estos días festivos las tiendas no cerraban, todo estaba abierto. Nos alojamos en una casa en Gouda, una ciudad tirando al oeste, cercana a Rotterdam y a La Haya (Den Haag). Es conocida por sus quesos. ¿Quién no ha probado los quesos de Gouda? Por supuesto hicimos acopio de sus famosos quesos para traernos unos cuantos pa casa.

Las casas de Holanda en general, las antiguas, tienen la particularidad de ser más bien pequeñas y estrechas de fachada, pero cómodas, muy agradables para vivir. Eso sí, las escaleras de madera para subir de una planta a otra no son apta para gente mayor, empinadísimas. Tampoco para gente perjudicada por el alcohol. Otra de las particularidades es que sus ventanas son enormes, tanto comos sus estrechas fachadas, y el uso de las cortinas es meramente anecdótico. Les gusta ver lo que hay afuera de sus casas y a  la vez no les importa que les puedan ver los transeúntes cómo hacen su vida los de dentro, estando expuestos los salones como si de una exposición se tratase. Para los turistas curiosos es una gozada, por lo general todos los salones de las casas tienen un gusto exquisito con sus muebles y hasta con su iluminación, luz tenue.

Pero a lo que íbamos. Si Gouda nos gustó, su centro sobre todo que es lo más típico, con sus pequeños canales y demás, sus iglesias, sus  plazas y callejuelas, sus tiendas cuquis… a medida que íbamos visitando otras ciudades o pueblos nos iban pareciendo mejor que la última que habíamos visitado. Den Haag, La Haya como lo llamamos en España, maneja pasta, tienen allí las embajadas de otros países. Lujo máximo. La ciudad contrasta por su parte moderna con edificios altos y oficinas super modernas, con el centro, acogedor y elegante.

Antes de visitar Den Haag visitamos la playa que está a unos cuantos kilometros más allá. Impresionantes las vistas, la espuma del mar, las gaviotas, la gente como hormiguitas paseando por aquella playa tan grande. A las fotos me remito.

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Rotterdam, la segunda ciudad más grande e importante de Holanda, nos decepcionó un poco. Su atractivo principal es poseer el mayor puerto de Europa. Te pierdes por la infinidad de muelles que tiene, y te sobrecogen tantos rascacielos y edificios modernos, quedando a un segundo plano la ciudad antigua que no supimos ubicar. Eso con el mal tiempo que hacía en ese momento hizo que nos cansáramos pronto y optaramos por visitar una ciudad cercana que intuíamos que sería más interesante. Delft. Acertamos. Delft es una ciudad mucho más relajante, con un centro histórico precioso con sus canales, sus cafés, sus casitas… qué os voy a contar, me repito, pero sí, merece la pena visitarlo. Rastree las tres tiendas de música que me encontré y compré algunas joyitas. Delft es más bonita que Gouda, y por supuesto que Rotterdam, pero la sorpresa mayúscula ha sido Ultrech. Una de las ciudades más importantes del país, en cuanto a economía e industria, que digo yo que una cosa va de la mano de la otra. También tiene mucho que ver el ambiente de la ciudad que es una ciudad universitaria y la juventud inunda sus calles y cafés. Se encuentra en el centro de Holanda. El centro histórico se delimita por un gran canal que rodea la parte vieja. Infinidad de tiendas con cosas bonicas, o de temáticas diferentes, de cafés, de restaurantes, de todo. Las bicicletas aquí y allá… Dicho así podríais decir, ¿pues como en Amsterdam no? Pues no, no había turistas echando fotos y haciéndose selfies aquí y allá. Daba gusto visitar una ciudad tan bonita así, sin que pareciera un parque temático. Eso para mí la hace mucho más bonita que la capital, agobiante e hipercool. Ah, para los fumetas, también hay cafeeshops en Utrech. Recomendadísima y más para mis colegas españoles que viven en Norden Westfalen, ¡que lo tenemos a hora y media oiga!

Si volvieras a España ¿qué echarías de menos?

Me animo a la propuesta de Marta Modi de La libreta roja, para contar qué cosas echaría de menos si volviera a España. A ver qué sale. 🙂

1. Dormir a pierna suelta. Es una chorrada pero así a bote pronto es la primera que me viene a la cabeza. Los veranos en Barcelona son cada vez más largos y calurosos. Ese calor pegajoso típico de una ciudad pegada al mar hacen que algunas noches sea insoportable dormir, al menos para mí. Desde que estoy en el extranjero, primero en Suiza y ahora en Alemania, este problema no lo tengo. Mi familia  y amigos quejándose del insoportable calor y yo tan fresquito.

2. La tranquilidad de saber de que el sistema funciona. Hasta hace poco, en España no se estaba mal, al contrario, había una calidad de vida personal y laboral envidiable. Eso pasó a la historia. Aquí quién quiere trabajar encuentra, y si vale, miran por él. Al menos en mi caso. La tranquilidad que tienes un trabajo, y que si pasa algo no es una odisea encontrar otro, tranquiliza mucho el coco.

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Mi bici holandesa.

3. La vida en bici. Los alemanes, absolutamente todos, usan habitualmente la bici, ya sea para ir al trabajo, de compras, de paseo… lo mejor es que casi todas las carreteras tienen carril bici. En la zona donde vivo en concreto hay infinidad de caminos que se pierden entre la campiña de Norden Westfalen y los frondosos bosques. Es fácil ver a los lados de los caminos ciervos. Es un lujo que echaría de menos en España.

4. Los trödelmarkt. Esos mercados donde puedes encontrar de todo. Cosas de segunda mano en su mayoría, algunas cosas de lo más bizarras, otras de lo  más interesantes. En mi caso siempre que visito un trödelmarkt, acabo comprando un vinilo, que siempre tienen uno o dos puestos de discos. Si lo acompañas todo esto con una buena cerveza y un currywurst ya tienes la mañana echada. 🙂

5. Vivir cerca de tantos países como Holanda, el más cercano. Dinamarca, que lo tengo pendiente de visitar. Bélgica igual. Luxemburgo, aunque sea tan pequeñín. Francia, Suiza, Polonia… incluso Inglaterra. Me queda relativamente cerca si quiero cruzar el estrecho en ferry. No sé, desde que vivo en el extranjero que las distancias se me acortan y estoy más predispuesto a viajar.

Mi patria, en mis zapatos

Pero allá donde voy
me llaman el extranjero.
Donde quiera que estoy
el extranjero me siento.
 
También extraño en mi tierra,
aunque la quiera de verdad,
pero mi corazón me aconseja,
los nacionalismos que miedo me dan.
 
Ni patria ni bandera,
ni raza ni condición,
ni límites ni fronteras,
extranjero soy.
 

(fragmento de la canción “El extranjero”, de Bunbury)

Mira que Enrique Bunbury no es que me mate mucho, y el cantante estará lleno de contrariedades, como las de cualquier hijo de vecino, supongo. Pero en esta letra vislumbro un sentir que le debe pasar a más de uno, a mi por lo menos me pasa.

Hijo de extremeños, nacido y criado en Catalunya, siempre hemos sido o los catalanes o los charnegos para unos y para otros. No gritado a viva voz, pero sí en la mente de mucha gente. No es un drama, es la realidad.

“entre dos cariños repartidos,
que si encuentro a uno llorando,
es que el otro la ha ofendido”

Decía el poema de Rafael de León. La letra hablaba de la relación entre suegra y nuera, pero para el caso es lo mismo, uno siempre anda en medio, aunque últimamente más bien fuera de todo. Me gusta la tierra donde he nacido y me criado. Estos últimos años la he echado de menos más que nunca. Pero a la vez estoy muy orgulloso de que mi familia venga de Extremadura, con una cultura, y sobre todo un saber estar de las personas que son un tesoro. Ahora, viviendo en el extranjero sigue sin ser un drama, pero de alguna manera sigo siendo el extranjero, el español, el catalán. Y ahora, seguramente ojos de estos últimos, el alemán. “Bueno, pues molt bé, pues adiós”, como diría Trapero, y me dejo ya de citas.

Cuando gritas a un niño o usas la fuerza es un fracaso para un padre. El padre debe de ser lo suficientemente inteligente, adulto y comprensivo para solucionar los problemas que deba solucionar con su hijo. Con la política creo que es lo mismo. Usar la fuerza, la descalificación, el no al dialogo, es un fracaso de todos, pero sobre todo de los políticos, que se supone que están preparados para encontrar soluciones democráticas ante los problemas que tenga el pueblo.

El senyor Pujol, “el  molt honorable”, de eso sabía un rato. Paciencia tenía mucha, inmensamente proporcional a su avaricia. Por eso supo barrer para casa (Catalunya) todo lo que hubiera que barrer, sin salirse de las reglas del juego. Sólo que luego se inventó otras reglas en su casa  y ya puestos, barrió un poquito más, sólo un poquito, presuntamente, claro.

En fin, no tengo una fórmula mágica para solucionar todo este embrollo. Pero si hay vacunas, que previenen de muchos males que ayudan a incendiar las calles tal y como ha ocurrido los últimos días. Y los que quedan. Viajar, viajar más en la medida de lo posible, ponerse en la piel de los otros, en la medida de lo posible también. Apagar la tele y las radios, o no creernos todo a pies juntillas puesto que en la era de la comunicación, gracias a Internet y todos los medios de los que disponemos, parece ser que es cuando más desinformados estamos. Mira a tu alrededor y piensa y siente por ti mismo. O al menos inténtalo.

Y hasta aquí, mi discurso de abuelo cebolleta de hoy.
Mi patria, en mis zapatos. Mierda, lo he vuelto a hacer.

El viaje a las islas nos dejó más cansados de lo habitual, pero entusiasmados por todo lo que habíamos visto. Al día siguiente partimos de nuevo a Riace para encontrarnos con Maria, la culpable que estuviéramos recorriendo media Calabria y parte de Sicilia, una de las personas que más admiro. Llegamos a primera hora de la tarde, por la mañana visitamos Capo Vaticano, cerca de Tropea, una de las zonas con las playas más conocidas de Calabria. Pero el mar Jónico, el mar de Riace es otra cosa, calmado, limpio, pulita, como dicen allá, es un lujo tenerlo tan cerca. Esa noche nos invitaron a probar platos típicos de la gastronomía calabresa. Delicioso todo, no podría decir todo lo que comí, demasiados platos nuevos, sólo sé que estaban muy ricos. Carne, verduras, pasta, empanadas o algo así con diferentes salsas. Comimos en un restaurante 100 % calabrés, toda la clientela eran calabreses de aquella zona. Imposible que lo pudiera encontrar un extranjero.
Al día siguiente pudimos darnos los últimos dos baños en la playa, toda para nosotros. Toda no, sólo tres vecinos se metieron mar adentro con su barquita y su motor de quita y pon. Al terminar el paseo se dieron un baño los tres y a tomar el sol, como nosotros. Qué tranquilidad.

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Después del baño mañanero, un capuchino, unos cornetos (croissants)  y nos llevan a ver la recogida de las aceitunas. El tiempo manda y se adelante la recogida. Vemos como , como zarandean las ramas con una máquina a con aire a presión para coger las aceitunas y cómo las recogen con las redes que tienen puestas en el suelo. Una vez empaquetadas las llevan a la refinería, donde le sacan todo el aceite con las máquinas hasta que sale el oro líquido. La fábrica no para de trabajar esos días, día y noche, muchos vecinos tienen sus propio olivos y  tienen que recoger pronto su cosecha.

Placanica

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Placanica.

 

Entre ver la recogida de aceitunas y como sacan en aceite en la refinería se nos echó encima la hora de comer, así que de nuevo nos fuimos a la aventura, a ver qué bar nos podía dar algo de comer. Fuimos a un pueblo que pudimos ver a lo lejos, en lo alto de una montaña, al igual que Riace, éste en este caso se llamaba Placanica. Todo un descubrimiento, cuanta historia deben tener estos pueblos entre sus muros. Son laberínticos, de calles estrellas, pero con encanto. Las vistas desde lo alto del pueblo son impresionantes, como desde Riace. Se puede ver a lo lejos el mar. La vista de las montañas, cualquier rincón es un gran mirador. Después de hacer fotos como si fuéramos japoneses, nos dispusimos a buscar un sitio abierto para ver qué podíamos comer. En eso que veo a un señor muy mayor sentado en un banco, apoyado con su bastón. El señor tenía los ojos como llorosos y enrojecidos.

-Mi scusi, sai dove c’è un bar aperto per fare qualcosa da mangiare?

Oggi penso che non ci sarà nulla aperto, è domenica.

Oh, è vero, ho dimenticato che è domenica! Grazie, continueremo a cercare altrove. Buongiorno.

Buongiorno...

Nos vamos a paso ligero en dirección al coche, el hambre nos azuzaba una cosa mala. Vamos en dirección a la playa de nuevo a la Nazionale… oh!, un bar pizzería pegado a la playa, y pone “aperto”. Allá que vamos.

Nos emocionamos un poco al meternos sin más. Cuando nos quisimos dar cuenta vimos que no había nadie. Entramos y vemos a un chico detrás de la mesa. Nos miraba por encima de sus gafas, como embobado. Le pregunto si tienen algo para comer, y después de una mini pausa eterna de unos cuatro segundos asiente con la cabeza y nos dice que sí, que tienen platos calientes y paninis. ¡Bingo!

Una birra e una cola.

Adesso. ora mio padre è venuto, ti dirà che può mangiare.

Cogimos las bebidas y nos fuimos a una mesa afuera en la terraza. En esas que baja su padre, un señor con gafas y barba de cuatro días. Está claro, es el padre de la criatura. Nos presentamos, le preguntamos qué tiene para comer, si podía hacernos unos simples paninis (unos bocadillos). Me dice que sí, pero que tiene espaguettis de tal manera y de tal otra… nos hace la pantomima y los gruñidos de un jabalí para que supiéramos que la carne del plato típico de la casa es de jabalí. Le hablo en mi medio italiano y Simone en inglés. Él nos habla a medias entre italiano e inglés. A esto que nos dice que le esperemos y nos trae un diccionario viejísimo Italiano-Inglés, Inglés-Italiano para decirnos el nombre exacto de no se qué ingrediente. Pero no hacía caso de qué ingrediente se trataba, todavía estaba visualizando su pantomima del cochinillo jabalí. Tremendo. Al final le pedimos unos paninis y listo. Al rato nos los trae el chico y mientras comíamos, como si no hubiera un mañana, se nos acerca el cada vez más simpático señor, y empieza a divagar sobre la historia de Italia y de la región de Calabria en concreto. Me empieza a hablar de Garibaldi, de la aristocracia italiana, que se concentraba en el sur, igual que el dinero. De cómo un día cambió todo y se cambiaron las tornas, dejando al sur de Italia en la nada. Le comento sobre la peli del Gatopardo, que tenía algo que ver con lo que nos estaba contando… y así vamos entrelazando temas, como la independencia de Catalunya y entre otras cosas, de la pérdida de la identidad de un pueblo, ya que ahora viene gente de fuera de todas partes y se acaban perdiendo las tradiciones. Para entonces ya estaba relamiéndome y masticando el último bocado del bocadillo. Sobre lo último que comentó, es cierto. Hoy en día todo el mundo va de aquí a allá, ya parece que no perteneces a ningún sitio, yo mismo soy un buen ejemplo. La gente ya no se compra una casa y se queda ahí hasta los restos. La vida da muchas vueltas y como decía el poema de Goytisolo, “la vida te empuja”, a moverte y a buscarte la vida, o buscar la vida, sin más.

Pagamos y nos despedimos. Queríamos darnos el que sin duda iba a ser el último baño del año. El resto ya es historia. Parada en Pizzo, otra vez nos pierde el gps una cosa mala para encontrar el último alojamiento cerca de Lamezia Terme para coger el vuelo de vuelta al día siguiente.

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Capo Vaticano. Al fondo a la derecha la isla de Stromboli.

Durante el vuelo veo como una de las azafatas se descojona a la hora de ponerse a soltar el rollo típico de Ryanair de la lotto a dos euros por el telefonillo, en inglés. Era su primer día de trabajo, y además de eso, la única española, salvo un servidor. Spain is different. Definitivamente.

 

 

Pd: Todas las fotos son de un servidor.

 

Vulcano, Lipari y Stromboli. Las islas Eolias (Cap. 6)

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Veinte  minutos antes de las 7h ya estábamos en el puerto de Tropea, esperando para montarnos en el ferry que nos haría el tour por las islas. Después de nosotros llegaron un montón de turistas, alemanes en su mayoría. Pagamos la excursión, nos montamos y allá que nos fuimos. La mañana en alta mar era fresca, estábamos rodeados de un grupo profesores jubilados alemanes y algunos turistas más que iban por libre como nosotros. Todos alemanes. El único español yo, como siempre. El cansancio de la noche anterior hacia mella en nosotros, sólo la espuma de las olas que chocaba contra el barco nos despertaban al mojarnos la cara.

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Desde la mitad de la ascensión al cráter de Vulcano. Con vistas a Lipari.

 

Vulcano

Nuestra primera visita fue Vulcano. Para entonces ya habíamos hecho un puñado de fotos de las otras islas que vimos a lo lejos. Una vez en la isla de Vulcano nos soltaron y ahí que cada uno se buscara la vida, teníamos como hora y media para curiosear por allí. Nos dirigimos al cráter del volcán que estaba a una media hora de allí a pie. La vegetación era diferente, no sabría explicarlo. Las vistas como ya he dicho en otras ocasiones, como de mentira, todo muy bonito. No pudimos llegar a lo alto del cráter, nos quedamos a medio camino, lo justo para ver la panorámica de la isla y ver al fondo la isla de Lipari, nuestra siguiente parada. Acojonante ver como llegaban otros barcos de jubilados alemanes super equipados con bastones y ropa especial para el trekking, con una motivación al andar que nos desmoralizaba.¿De dónde sacaran las fuerzas?

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La ciudad de Lipari, en la isla que lleva el mismo nombre.

Lipari y el eterno verano

Lipari es la isla más grande y la que más habitantes tiene, unos 11.000. Tiene una bonita iglesia, varios museos, la zona de la ruta de los turistas y a la izquierda las casas de los liparienses. Me estoy inventando el gentilicio, no sé cómo se llaman, pero suena molón ser un lipariense. 🙂 Casi, casi, me pareció más interesante ver la vida de la gente de la isla, sus casas, el ruido dentro de los salones a la hora de comer, tranquilo, soleado, como un eterno verano. Para un medio alemán como yo, el contraste del clima es demasiado grande. Comemos en una terracita del puerto, más fotos de rigor y carrerita de vuelta al barco no vaya a ser que nos dejen en tierra, que la siguiente y última parada era la más esperada por mí, ¡Stromboli!

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Stromboli

Stromboli

La isla de Stromboli no es una isla, es un volcán. Y no es un volcán cualquiera, es uno de los más activos del  mundo. De vez en cuando acojona a sus habitantes (unos 400 habitantes más o menos) con alguna de sus erupciones. Lo que si se puede ver de forma permanente es la Sciara del fuoco, el río de fuego. El volcán tiene más de 900 metros de altura, al menos lo que se ve sobre el mar, en realidad tiene 2000 mts, más de 100 bajo el mar. Su última erupción violenta fue en 1930, pero de vez en cuando hay erupciones, la última considerable fue en el 2007. El río de fuego se puede ver subiendo a lo alto del volcán, siempre con visita guiada, donde desde lo alto se puede admirar el espectáculo de ver caer la lava por la ladera norte, o desde el mar con un barco, una opción más cómoda (y segura). A cada 20 minutos o así se puede escuchar rugir el volcán, son las emanaciones de lava. En nuestra corta estancia en la isla, otra hora y media, pudimos escucharla brevemente. Nuestra visita fue exprés, pero nos dio tiempo a coger piedras volcánicas en la playa, arena negra en botellitas,  recorrernos el pueblo de San Vincenzo y tirar todas las fotos que nos fueran posibles. Se pueden alquilar apartamentos en la isla, pero creo que yo con un día tendría suficiente. Acojona un poco saber que estás en un volcán que está vivito y coleando.

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Mi deseo de ver el volcán lo tenía desde que vi la película Stromboli, con Ingrid Bergman, que sucedía en la isla, todo un clásico. Todo eso estuvo muy bien, pero en la isla me pasó lo que vimos en varias ocasiones más, que algunos italianos “maltratan” a los turistas, de forma ruin. Es curioso haber vivido en tus carnes como es ser extranjero en otro país, como emigrante, no es un drama, pero no eres de allí, hay un trato con condescendencia, sutil, pero lo hay. Lo mismo pasa con el turismo, y en el caso de Sicilia y Calabria, más exagerado, intentan aprovecharse del turista, sin ningún remordimiento. No se puede generalizar, pero vimos demasiadas cosas, sufrimos intentos de engaño muy sutiles, empañando la experiencia de todas las maravillas que vimos y de gente maravillosa que conocimos allá, que la hay también.

Aparte de eso, el tour estuvo muy bien, el personal del barco muy agradable. El capitán del barco era italiano y hablaba un perfecto alemán, para poder dar las explicaciones del la ruta y las cosas que íbamos a ver durante el tour, en italiano también, claro. Mereció la pena la experiencia.

Siracusa y Scilla (Cap. 5)

 

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El templo de Apolo. Siracusa.

Ponemos rumbo a Siracusa, una de las ciudades más grandes del este de Sicilia, con mucha historia también puesto que tiene muchos restos romanos y griegos.

Cuando llegamos y dejamos las cosas en el hotel, fuimos al centro a dar una vuelta y cenar algo. El gps nos llevó a una zona rara y oscura, imposible que fuera eso el centro. Andamos un poco más hacia adelante hasta que la encontramos, el casco viejo se encuentra en una isla comunicada por un puente, lo llaman Ortigia. La brisa del mar rodea la ciudad vieja. Te teletransportas a otra época viendo las casas viejísimas con monumentos enormes en mitad de una callejuela perdida. La ciudad de alguna manera, me recordó a la Barcelona de hace años, cuando todavía no se había explotado tanto el turismo y conservaba ese aire marinero en los barrios pegados al mar.

Hartos de mirar en infinidad de pequeños restaurantes donde ofrecían exactamente los mismos platos, precio turista claro, elegimos uno en una especie de palacete con patio cubierto. En teoría todo muy bonito pero no come uno como en España en relación calidad precio. Vinieron unos músicos con sus uniformes más parecido a los de una tuna, con panderetas, flautas y tambores y demás para cantar una tarantela siciliana a los comensales. Los señores eran muy mayores, y ahí iban pasando la gorrilla. El más joven era el de la pandereta saltarín. Igualito que la tuna oiga.

Después de perdernos por entre las calles a cada cual más bonita, misteriosa y marinera, dimos un largo paseo bordeando los muros que contienen el agua del mar. La ciudad a esas horas era nuestra, vacía y tranquila, pero no tardamos mucho a la hora de irnos al hotel porque nuevamente estábamos rendidos. Al día siguiente probamos a visitar la Oreja de Dionisio y el teatro griego de Siracusa, que es impresionante por lo visto, por lo bien conservado que está, pero nada más llegar al recinto empezó a llover a lo bestia. Tres días seguidos lloviendo en Sicilia, tuvimos mala suerte. Decidimos poner kilometros por medio, nos largamos en dirección a Messina huyendo del mal tiempo. Tres días persiguiéndonos la lluvia. Cogimos el ferry de nuevo, metiendo el coche entre camiones de carga dentro del barco. Mientras nos alejábamos veíamos los nubarrones sobrevolando la isla. Si mirábamos en dirección a Calabria, veíamos el cielo despejado.  Cosas del cambio climático.

Salimos del Ferry acalorados, el tiempo veraniego permanecía en Calabria. Teníamos que ir a Tropea para pasar la noche allá para luego coger un barquito que nos llevaría a las islas volcánicas, las islas Eolias. Pero antes de todo eso hicimos parada en Scilla, una bonita localidad que se extiende a lo largo y a lo alto de la montaña. Después de comer unas buenas pizzas nos dimos el baño que tanto echamos en falta en Sicilia. No me podía creer que me pudiera bañar en octubre y no pasar frío, el agua estaba en su punto y el sol calentaba pero no quemaba.

Después de hacer fotos desde todos los ángulos en Scilla, nos dirigimos de nuevo a Tropea para buscar nuestro nuevo hotel. El gps me la jugó metiéndome en una carretera que no era una carretera, sino un camino de cabras que me llevó a un pueblo perdido en el tupido bosque calabrés. Si se me hubiera estropeado el coche allí mismo la tenemos liada, pero después de muchos ringo rangos llegamos por fin al caer la noche a Tropea. Paseíto y cena rápida que al día siguiente había que madrugar. Nos esperaba la excursión a las Islas Eolias. Vulcano, Lipari y la tan esperada, Stromboli.

Rumbo a Sicilia. Taormina y el Etna (Cap.4)

Después de desayunar en el pueblo improvisamos la idea de ir a Sicilia, cogemos los bártulos en dirección a Villa San Giovanni, para luego coger el ferry que atraviesa el estrecho de Messina y te deja en la ciudad siciliana que lleva el mismo nombre, Messina. El tiempo empezó a empeorar, empezó a llover. A la tarde llegamos al pueblo donde  nos alojaríamos. Empecé a hablar en italiano con la señora y resultó que era dominicana, así que acabamos hablando español y nos contó muchas cosas de la isla y los sicilianos mientras nos preparaba un desayuno que te hacía olvidar el día de perros que había salido. ¡Grande Carmela!

Una vez terminamos de desayunar fuimos a visitar  Taormina, uno de los pueblos más turísticos de la isla, conocido en todo el mundo por su increíblemente conservado y bien ubicado teatro griego, en lo alto de una loma donde se puede disfrutar de las vistas del mar y en los días claros del volcán del Etna, el gran atractivo  con mayúsculas de la isla, el volcán más alto de Europa.  Pero el pueblo de Taormina no se queda atrás, está como tantos otros pueblos en lo alto de una montaña, y es un increíble balcón con vistas. El pueblo es colorido y alegre, con turistas a cascoporro incluso a principios de octubre y lloviendo. Interesante e inevitablemente caro tomar algo por allí o cualquier otra cosa que quieras hacer allí.

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Cerca del Refugio Sapienza, en el Etna.

El Etna

Al día siguiente tomamos rumbo a Catania, para luego apartarnos y subir el Etna con nuestro Opel Corsa. El plan de la ruta lo había hecho la noche anterior buscando la forma o la carretera por donde se puede acceder a la montaña del Etna en coche y sin guías, que son los que te sablean una cosa linda. No queríamos subir a lo alto del cráter mayor, queríamos visitar unos cuantos que están a medio camino, que están a unos 2000 mts, que ya es altura. La vegetación es sugestiva, verde, variada, y con el día lluvioso  con esa neblina hasta parecía mística. Dejamos atrás el último pueblo antes de entrar en el parque natural del Etna, Nicolosi, donde hicimos una breve visita para reponer fuerzas del viaje hasta allá. La ascensión al volcán fue en solitario, no nos cruzamos ni un solo coche, era un día de perros, pero ya que estábamos allí no íbamos a irnos sin probar a ver “algo”. La suerte estuvo con nosotros, cuando llegamos al punto de los 2000 metros donde hay un refugio para alpinistas, la niebla cesó por un momento y pudimos disfrutar de las vistas de dos cráteres, uno de ellos tuvo su última erupción en el 2001. La  tierra allí ya es como marciana, con rocas volcánicas y plantas de color amarillento que hacen del lugar algo diferente a una montaña normal. Hicimos fotos a porrillo y recogimos algunas piedras para tenerlas de recuerdo y algo de arena volcánica. ¡Qué pedazo de volcán!,  ¡y sólo vimos el principio de muchos cráteres y caída de lava!

 

 

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