Vivir para contarlo

El verano ya está aquí y yo con estos pelos. Recién terminado el curso de alemán, tomamos una pausa para reanudar las clases en septiembre. Sant Joan lo pasé como cualquier otra noche, aquí no se celebra y no tengo gente cerca que entienda de qué va la fiesta. Pero no me quejo. Pasan los días y pedaleo y pedaleo con mi bici holandesa más que nunca. Aquí todo Dios va en bici. Las rutas aquí son magníficas ¿Pero eso ya lo he dicho en más de una ocasión, no? Me repito.

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La bici holandesa.

Voy a pasar gran parte del verano trabajando, para luego pegarme la vida padre, pero es lo que toca, todo llegará. Hablando del trabajo. En el trabajo hay un tipo,un vecino de las casas colindantes que pasa con su coche por la calle donde estamos construyendo casas como setas, y se pone a gritar, pero escandalosamente. No lo ha hecho un día, lo hace siempre. Pero no es a nosotros, mete el coche en su garaje gritando y sale de él con sus compras gritando, él solo. Qué triste que el hombre no pueda encontrar siquiera una persona a quién gritarle. Cuanta frustación acumulada.

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Anochece tarde, muy tarde.

El finde pasado comimos paella. Ya ves tú que cosa más extraordinaria, pero no una paella cualquiera, la valenciana, the original, hecha por un valenciano. Nos faltaron dedos para chupárnoslos. También quedamos con una buena amiga en el mismo Düsseldorf que precisamente estaba de visita por la ciudad con unas amigas. Maria es del sur de Italia, pero aparte de  eso es una bellísima persona. Su vida en el sur de Italia no tiene nada que ver con la fría e inestable Alemania, meteolorógicamente hablando, y un poquito sobre la gente también si me apuras. De alguna manera su visita me recuerda que a veces me siento como un pez fuera del agua, que esto está bien, pero que no es mi mundo. Encontrar un equilibrio sobre lo que quieres y puedes hacer es siempre complicado, ¡pero no imposible!

Y qué decir, qué me jode reconocer que no tengo cosas especialmente que compartir por aquí. Tal vez porque simplemente me dedico a vivirlo antes que contarlo.

“Vivo para contarlo”, así reza el título de un disco en concierto de Fito y los Fitipaldis. Lo grabaron en el 2003, en las fiestas del Aste Nagusia de Bilbao. Más de 76.000 almas reunidas en aquel concierto. Un servidor de ustedes estaba viéndolo al lado de la gran carpa del medio que se ve al inicio del vídeo. Pues eso, viviremos un poco más para contarlo.

Y no cantaré

Han pasado unos 5 meses desde mi llegada a Alemania. El balance es positivo. En cada mudanza, cada vez que empiezas de nuevo en otro sitio, necesitas no sólo dinero, sino una cantidad de energía y paciencia para hacerte con el nuevo lugar y sus gentes. El invierno fue largo y lluvioso, muy lluvioso. Todavía a día de hoy sigue descargando agua cuando menos te lo esperas, a chaparrones. El tiempo es inestable, la economía alemana no. Tiene sus problemas, sus cosas a mejorar. Salvo en los grandes suburbios, las grandes ciudades como los de la cuenca del Ruhr, en el resto se nota la calidad de vida que tienen. Hablo económicamente, sus casas arregladas, sus coches bien preparados, sus trabajos más o menos estables… el problema es el clima. Si Alemania fuera un país con el clima de España, no serían tan productivos, otro gallo cantaría. Pero como cuando hace mal tiempo no hay gran cosa que hacer, pues se pasan todo el día trabajando.

Me llama la atención la cantidad de granjas que hay en la zona donde vivo, unos caserones increíbles, mucho terreno para sus cuadras de caballos, por esta zona se dedican mucho a la cría de caballos, y a explotar sus tierras, su agricultura. Una de las cosas que recogen ahora por aquí son los espárragos. Llaman a polacos para hacer la temporada de recogida.

Cada paseo que doy con la bici veo que el bosque, los campos… todo cada vez está más verde, la vegetación es exuberante, son campos ricos para sembrar. El Berner Oberland, de donde vengo, tiene una vegetación más salvaje, más bronca, bonita pero áspera. Aquí todo es como un gran jardín.

Münster, una de mis ciudades favoritas de por aquí en Timelapse.

La verdad es que ando en sequía bloguera. Sólo sé que mientras más sé, más preguntas me hago, y más dudas tengo de todo en general. Sin ir más lejos, no sé todavía cuando quiero o puedo irme de vacaciones, ni si ir a tal sitio o tal otro. Como siempre, me pilla el toro para todo.

Creo que a partir de ahora voy a volver a mezclar mis divagaciones con la música que me acompaña en mi estado de ánimo. Me quedo con este tema que tenía medio olvidado de Los Ronaldos, “Y no cantaré”. Saludos perdidos.

 

Zutphen (Holanda) y curiosidades teutonas

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¿Me llevo una o me las llevo todas?

Han tenido que pasar unas tres semanas para que volviera a escribir algo por aquí. La razón es previsible, no hay gran cosa que contar. El trabajo anda bien, el curso de alemán también, el tiempo poco a poco también… pero si un pero puede tener vivir en un sitio tranquilo es eso, que es demasiado tranquilo. Salir de la rutina es toda una odisea.

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Nuestra última visita relevante ha sido Zutphen, al este de Holanda, a unos 100 kms de nada. Merece la pena el paseo. Como ya dije en el post de nuestra última visita a Holanda, salta a la vista el mimo con el que cuidan sus casas, por dentro y por fuera, la naturaleza, el verde te rodea por todas partes. El ambiente se respira distinto. El tiempo está loco, tal y cómo siempre he oído que ocurría en los países del norte. Ahora sale el sol, ahora hace calorcito, fuera chaquetas, ahora una nube tapa el sol, corre el aire y hace frío, y así todo el día. Así son estos países, de quita y pon.

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Zutphen es la novena ciudad holandesa más antigua, según la amiga Wikipedia. También dicen que aguantó bien los maltratos de las guerras mundiales, no fue devastada por completo, sólo algunas zonas. Las casas estrechas, pequeñas, pero de grandes ventanales. La gente en la calle, los típicos puestos de pescaditos fritos y pommes frites con mayo. Las flores, muchas flores, y a buen precio. El mercado, sobre todo de comidas, le da mucha vida a la ciudad. Pasear por la ciudad, entrar en las tiendas, tomar algo por aquí y por allá, comer en los puestos del mercado, hacer muchas fotos, lo típico de un turista.
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Paseando nos encontramos a un holandés que parecía que quería vendernos algo pero no, nos abordó así, por las buenas. Rondaba los 50 años, sin un pelo en la cabeza, ojos azules y de buen año, bien alimentado. Nos pregunta primero en holandés, le dice Simone que somos españoles. La miro con cara de extrañeza. Le pregunta a Anja si ella es española también, y le dije que no, que es alemana, que ellas dos son alemanas, que el español soy yo. – ¿Pero hablan español? Ahí quedó confundido el hombre por un momento, pero los sorprendidos fuimos nosotros al escucharlo hablar en un perfecto español. Hablando hablando nos enteramos que había vivido 20 años en Mallorca, pero que también había vivido en Madrid, en Vallecas. Un holandés en Vallecas, da para el título de una película. Le reconocí cierto acento catalán y todo antes, bueno mallorquín, no se me ofendan los mallorquines. Y en fin, después hacerme poner nostálgico hablando de España, de Barcelona y sus bondades, corto el rollo y les recuerdo que íbamos a algún lado, que nos movieramos. – Tschüss! Al lorito con lo que se habla en Alemania y sobre todo en Holanda, que mucha gente sabe español.

EXPRESIONES ALEMANAS Y CURIOSIDADES VARIAS

Como no hay gran cosa que contar más de mis visitas, puedo comentar expresiones que estoy aprendiendo desde que estoy aquí, que ni de coña se dicen en Suiza.

Mahlzeit!

Esto es lo que se suele decir en el norte de Alemania concretamente para la gente mayor… a la hora de desear buen provecho a el que esté comiendo. El Guten appetit es demasiado finolis para ellos. Mahlzeit! Pero lo que me chocó es que se dice también aunque no estés comiendo en ese justo momento, siempre que sea a la hora de la comida, al mediodía o después del mediodía o así. No entiendo porque mezclan una cosa con la otra, pero ahí está.

Wunderbar (o dicho así, bundabá!)

Si en Suiza se dice mucho el típico “tip top” para decir que algo está bien o muy bien, en Alemania el wunderbar, bundabá para que os hagáis una idea de como se pronuncia, es el pan nuestro de cada día. Todo es bundabá, que viene a decir que es estupendo, maravilloso, perfecto, fabuloso, fantástico… me suena tan, pero tan alemán… no sé si algún día me saldrá decirlo como si nada como el tip top.

Los verbos de situación y dirección.
stellen/stehen : colocar/estar situado en posición vertical, legen/liegen: colocar/estar situado en posición horizontal.
Esto en España no existe. Dejas algo, un objeto, lo que sea, y ya. En Alemania tiene una palabra distinta para diferencias como dejas ese objeto, si en vertical o horizontal. A ver quién los entiende.

No usan servilletas.

Esto es serio. Si ya me tuve que acostumbrar en Suiza que sólo servían pan en los restaurantes para la ensalada, aquí es que ya ni te ponen servilletas a la hora de comer, sólo en las comidas “especiales”, o eso o unos morros de cerdo con pringue a tope. Sino limpiate o chupate los dedos lo más discretamente que sepas. Me refiero sobre todo a las casas de los alemanes, está contrastado, no se lleva poner servilletas en la mesa, tienes que pedirlas, con el riesgo de parecer un marrano que no sabes comer sin ensuciarte. Como tantas otras cosas, desconozco el porqué de esta manía, nada práctica por cierto.

Al otro lado del Rin, Xanten y Ulpia Traiana

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Este domingo de Ramos, aprovechando el buen día y la subida de las temperaturas, nos marcamos una excursión en bici desde Wesel hasta Xanten, al otro lado del Rhin. Como es costumbre por aquí, las rutas en bici son geniales, ésta en concreto te lleva siempre unos metros por encima del paisaje para poder admirar mejor las marismas, laguitos y brazos de agua del Rhin antes de llegar al famoso río. Esta mañana había una marabunta de bicis con sus correspondientes personas  pedaleando de lo lindo. Me asombra ver como de preparados van la mayoría con bicicletas con todo tipo de cachivaches y alforjas y cuentakilómetros, otros con el móvil en el manillar, presumiblemente para seguir la ruta por una app. Chorradas varias de gente, mucha de ella  mayor, como locos por las nuevas tecnologías. Y sobre todo, las bicis con motor eléctrico, son legión. Las nuestras al lado de la mayoría eran de juguete, y a mucha honra vaya.

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El Ferry que te lleva a la otra orilla.

A la orilla del Rhin se agolpaban un montón de ciclistas esperando ser llevados con un ferry al otro lado del río para llegar al pueblo de Xanten, el único pueblo de Alemania que empieza por “x”. Mira tú por donde. Cruzamos el rio con el ferri y nos plantamos en el pueblo en poco tiempo. Para nuestra sorpresa estaba a rebosar de gente, las terrazas llenas, el mercado igual, las tiendas abiertas un domingo…Paseo por el pueblo, parada para comer unos backfisch, pescado fresco riquísimo con kartoffelsalat, patatas aliñadas frías. La iglesia muy bonita, las calles llenas de flores y de colores también, ambientazo.

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Luego nos dirigimos a lo que fue una de las antiguas y más importantes colonias romanas, Ulpia Traiana. Visitamos los restos arqueológicos de la antigua ciudad junto a su anfiteatro, la recreación de parte de su capitolio y otros muchos yacimientos y objetos que se encontraron en el lugar. Solazo durante toda la visita. Qué decir de la visita. Que me sorprendió por la ruta, porque es espectacular y por el pueblo y la antigua colonia romana, y todo esto nos queda relativamente cerca de casa. Ahí dejo algunas fotos para que hablen por sí mismas.

Saludos y a por el Osten! (la Semana Santa).

Bienvenidos a Holanda / Welkom bij Holland

 

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Harderwijk

El sábado salimos más bien tarde, por no decir que nada temprano.  Cogimos nuestras bicis, las metí  del tirón en el coche y hala, a Holanda que nos vamos.

No era la primera vez que visitaba  Holanda, pero nunca fui tan al oeste, en busca del mar. Nuestra primera parada fue Harderwijk,  una bonita ciudad  a orillas del Veluwemeer, uno de los brazos de mar que se adentran en los Países Bajos. Lo primero que me llamó la atención es la gente, ¡había gente!, el mercado con las flores, la gente con las bicis… la plaza central repleta de gente sentada en las terrazas. En la Rathaus, la casa del ayuntamiento un chaval pinchaba música como si se tratara de un festival de dance. Entre tema y tema algunas chicas hacían coreografías medio improvisadas en el centro de la plaza. Esa es otra, los holandeses por regla general son altos, pero es que las holandesas no se quedan atrás, ¡hay que hablarles de usted a las chicas!

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En la plaza central de Harderwijk

La visita transcurrió plácidamente probando las  típicas pommes frites, las patatas fritas con mayonesa y otra salsa, muy, muy ricas. Las comen a todas horas en Holanda. Comer luego por allá y luego dar una larga vuelta con las bicis. Holanda es el paraíso de las bicicletas, tiene infinidad de rutas asfaltadas, con sus dos carriles, todo preparadísimo. Las vistas por la autopista de bicis, mirando a la izquierda las bonitas casas, tirando a pequeñas, coquetas, pero con ventanales grandes, muy grandes y sin rejas ni cortinas ni persianas ni nada. Otra cosa típica del país del tulipán. A la derecha podemos ver los arenales y el mar de Veluwe y más allá del mar, infinidad de molinos de viento.

Más tarde nos fuimos a “una playa” con un chiringuito para tomarse unas cervezas o un café, como nosotros. Y tomar el sol, como los lagartos. Esto es vida.

Después de pensar un poco qué hacer luego, decidimos ir a Lelystad, en busca del mar, de un mar más grande, porque tienen varios. Nos equivocamos, la ciudad es más bien fea, volvimos al coche rápido y nos dirigimos hacia una carretera muy peculiar, una que atraviesa el mar. 25 kms de carretera donde a la izquierda está el mar de Marke y a la derecha el de IJssel. Tremendas vistas atravesando el mar por en mitad de la nada. Menudo trabajo la de los holandeses construir una carretera en mitad del mar. Llegamos a un pueblo de pescadores con la intención de hacer unas fotos del atardecer, y allí nos quedamos asombrados del encanto del pueblo, Enkhuizen. Los canales, los diferentes barcos amarrados, el puente levadizo, las iglesias iluminadas, los pubs, muy chulos, las casas perfectamente cuidadas, con una obra vista impecable, minimalista. Lo que más nos sorprendió es que no eran casas especialmente grandes, pero como en Harderwijk, los ventanales de las casas estaban abiertos de par en par, es decir, a la vista de los transeúntes. Podías ver la vida de la gente de la casa. Muchos viendo la tele en sus plasma, o leyendo, o con el portátil, o viendo el partido de futbol con los amigos, o simplemente reunidos alrededor de la mesa de la cocina. Pero todo estaba inusualmente arreglado, como de revista. No vimos ni una sola casa que no estuviera amueblada exquisitamente. Qué contrastes más grandes puede encontrarse uno en pocos cientos de kms.

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Las casas de Enkhuizen.

Se nos hizo de noche admirando todo aquello, así que nos quedamos a cenar pescado frito, lo típico del lugar, en una especie de pescadería restaurante, o viceversa. Precios razonables y comida riquísima. Si vuelvo a visitar este pueblo repito fijo allí.

Y así fue el día improvisado en Holanda, La próxima vez hacemos noche pero aún más allá, hasta el mar de verdad, el Atlántico. Repetiremos.

La cuenca del Ruhr y el imperio de la familia Krupp

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Kettwig

Los días nublados, grises y pasados por agua siguen sucediéndose, a eso podemos añadirle un molestoso viento, que como si se tratase de la Tramontana del Alt Empordà, influye en el estado de ánimo de sus habitantes. Y, joder si se nota. ¡Dichosa inestabilidad meteorológica! En todo caso también dicen que este invierno está siendo inusualmente inestable y lluvioso, más de lo habitual. Pues fale, pues me alegro.

Ayer, desafiando al tiempo, decidimos poner kilómetros por medio y explorar un poco la cuenca del Ruhr, la zona  industrial más grande de Europa. Que se dice pronto. Vengo de una postal de Heidi para vivir a poco más de 30 kms de esta gran concentración de industrias que antiguamente se dedicaba al acero, la minería y demás recursos geológicos.

De entre tanta industria e industriales, siempre tienen un papel en la historia más que destacable la familia Krupp, que desde el siglo IXX, esta saga de empresarios de la siderurgia monopolizaron el negocio con brazo de hierro, valga la redundancia.A la familia Krupp se les juzgó de esclavistas en la II Guerra Mundial, al utilizar presos para seguir fabricando más armas, sacando más recursos de la tierra, por nada. Se puede saber un poco más de la historia de esta conocida familia aquí. Quisimos visitar la Villa de los Krupp,  Villa Hügel, al sur de Essen, pero como todo, te cobran por lo que antes nunca habían cobrado. Pues chao y adiós gracias.

También visitamos una bonita población llamada Kettwig, con una casitas típicas blanqueadas con sus vigas de madera perfectamente pintadas para que luzcan, al igual que las casas revestidas de piedra de pizarra, no sólo los tejados, sino toda la casa. Un pueblecito muy tranquilo, demasiado para mi gusto, todo perfecto, la gente vestía bien, todos con sus chal, todas las mujeres llevaban, pero lo sorprendente es que los hombres también. Visitamos Werden, otra población relativamente cercana que seguía el mismo estilo urbanístico de Kettwig, quedando cerca el Baldeneysee, el lago donde se encuentra la ya mencionada Villa Hügel de los Krupp. Visitamos esto pero en la época equivocada, en primavera seguro que será completamente diferente.

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Centro de Essen

Y para finalizar el tour acabamos en Essen, una de las ciudades más cercanas de donde vivimos. Es como me dijeron, grande, un poco caótica en su arquitectura, con grandes centros comerciales, donde lo moderno, que no bonito, y lo antiguo se mezclan. Las calles del centro un sábado por la tarde se llenaban de una marabunta de personas que iban de aquí para allá. Objetivo shopping. Eché de menos más sitios para tomar algo fuera, o simplemente bancos para sentarse la gente. Había en una de las plazas más céntricas una gran pista de patinaje. Pero no sé, cuando comparo una ciudad así  con Münster, o simplemente Mataró, que conserva el encanto de pueblo siendo una ciudad, donde las personas pueden hacer muchas otras cosas además de comprar, pues me sabe a poco. Pero en fin, tengo que darle otra oportunidad a Essen, espero visitarla con buen tiempo, y tal vez no un sábado a la tarde. Historia tiene, eso me quedó claro.

La próxima escapada al norte, y si puede ser en busca del mar, a Holanda.

Todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral, o engorda

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Giethoorn. Holanda.

Debo de aclarar que el título de este post es por una canción de Pata Negra que lleva por nombre este título.Todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral, o engorda.  Es lo que estoy escuchando ahora en el tocadiscos. Pero suscribo lo que cantaba Rafael Amador. Es que cada vez me resulta más difícil elegir un título, como lo mezclo todo, hablo de todo y de nada. En fin.

Cada mañana me despiertan las campanadas de la iglesia del pueblo, la tenemos enfrente. Nos la comemos con patatas vaya. Si no recuerdo mal, en cada una de las mudanzas que he tenido desde que salí de España,  tengo una iglesia cerca. Con ésta van 6 mudanzas en 6 años.

Hoy ha salido el sol tímidamente. Después de hacer mis recados me he lanzado como los alemanes, a por el sol. 10 kms de bici. La brújula de llavero que me regaló Suso me ayuda a orientarme en los días nublados si no tengo el gps a mano.

Las clases de alemán ahí van, los jueves hago doblete, dos cursos diferentes en el mismo día a distintos niveles de dificultad. Un profesor nuevo al enterarse de mi nacionalidad me preguntaba medio bromeando medio en serio;

Was machst du denn hier?? (Qué haces tú aquí??)

für die Liebe. Le contesto sonriendo y encogiendo los hombros.

El resto como ya comenté son de Irán, Irak, Bangladesh, Polonia, Croacia, Afganistán, Mongolia, Kenya, Rumanía… con todos puedo hablar en alemán, nuestro alemán claro, pero qué manera más buena  para conocer gente que viene de tan lejos. El otro día un chico de Bangladesh me dijo sin yo preguntarle cuánto cobraba del estado alemán por tener su familia  aquí, su mujer y sus dos hijos. No digo a cuánto suben las ayudas porque se os caería el alma al suelo (mucho). No es la primera vez que me dicen a cuanto ascienden las ayudas, por eso lo he contrastado, que no es una milonga, que es cierto. Me alegro por el chico y su familia, es muy majo, pero cada vez entiendo más porqué la ultra derecha está ganando posiciones en toda Europa. No los defiendo por supuesto, son unos impresentables, pero puedo entender que mucha gente acabe por votarles. En mi opinión deberían hilar más fino. Y lo dice un extranjero. Pero es una opinión vaya. Al igual que entiendo como a los solteros se les penaliza tanto a base de impuestos y a los casados se les abre las puertas de las deducciones, grandes deducciones de sus impuestos, grandes ayudas para poder formar una familia. Ese es el problema de Alemania y muchos países europeos. Necesitan gente joven para poder mantener las pensiones de gente que por regla general tuvieron su familia, pero ahora sus hijos cada vez tienen menos hijos, valga la redundancia. O directamente no tienen hijos. De ahí tantas ayudas y tantos medios para los extranjeros. Alemania necesita a los extranjeros. Tal vez no tanto a los extranjeros adultos que llegan a Alemania, pero si a la larga a sus hijos, criados y educados en el sistema alemán.

Hoy fui a una barbería, ¿vaya chorrada no? Bueno, es la primera vez que voy a la barbería aquí en Alemania. Al final parecía más una clase de alemán que una simple visita al barbero. No hay nada como que vean que tienes interés en aprender para que  se les cambie la cara.

Los días van haciéndose cada vez más grandes. Dicen que en verano a las 22:45 todavía hay bastante luz por estos lares. Claro, como  estamos tan al norte, y tan cerca de Holanda donde está todo tan plano…esa es otra, tengo que hacer otra incursión en Holanda ahora que dispongo de más tiempo. Igual un día vamos en coche y nos llevamos las bicis a uno de estos pueblos tan típicos. Me hablaron de uno muy guapo, Giethoorn, de aquí a un mes intuyo que debe ser todo un espectáculo ver lo de los tulipanes y floripondios con sus canales y molinos. Pues eso. Aquí me despido, sin grandes novedades, salvo que se acerca el Carnaval, que lo pasaré en Colonia, una de las cunas de los carnavales teutones, se pasan semanas festejándolo.

Bares, ¡qué lugares!

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Düsseldorf

Creo que ya lo había comentado en otra ocasión, pero aquí en Alemania (al igual que en Suiza) se echan en falta los bares. Hace pocos días que volví de España, donde lo más normal del mundo es tener un bar en cada esquina, o dos, o tres. Hasta en la aldea más remota. Aquí puedes recorrer kilometros de casas sin avistar un bar. En las Haupstrasse,  las calles principales de los pueblos sí claro, pero no, son otro tipo de bares, o pubs, o cafeterías o restaurantes… no quiero comer, quiero sólo un bar, donde poder encontrarme con gente ligeramente parecida a ti, que sale de casa para encontrarse con otras personas en un sitio público. Este concepto de establecimiento parece una obviedad, pero aquí como no vayas a una ciudad no se destila mucho. Como decía la canción de Gabinete Caligari; Bares, qué lugares, tan gratos para conversar…

Hoy pasé por el Straßenverkehr, la oficina de tráfico, para recoger mi nuevo permiso de conducir alemán. En Suiza en principio no tenía fecha de caducidad, este alemán caduca hasta el 2031. Puedo quedarme sordo cien veces y cegato a lo Rompetechos otras cien y ni se enterarían.

Sigo arreglando algunos papeleos, algunas cosas pendientes. Hoy por ejemplo he inspeccionado más a fondo tiendas y almacenes en general, en este caso en la ciudad más cercana, Wesel. Encontré lo más parecido al Leroy Merlin, Stewes, un almacén de herramientas, bricolaje, materiales para la construcción, jardinería…andaba buscando una cosa para la bici y acabé con una cafetera, que también me hacía falta. Y así he ido inspeccionando diferentes almacenes con diferentes precios, incluso un almacén de recambios para el auto y garaje para hacerlo allí mismo.

También he podido que comprobar que el fenómeno “choni” existe en Alemania también, sobre todo en ciudades donde se aglutinan más gente que en los pueblos. Ahora sólo me falta identificar a los Canis alemanes. Están cortados por el mismo patrón oyes.

Y en fin, con tanto viaje y papeleos y preparativos voy dejando siempre a un lado una nueva visita a la ciudad de Düsseldorf, que tiene muchos atractivos y estoy deseando poder  seguir descubriéndola.

Y poco  más, que paso a paso la cosa va, que no es poco. Schöne Grusse!

Ajuste de cuentas

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Los llanos de Castilla y León

Cuando se habla de un ajuste de cuentas suele ser por cosas negativas, venganzas al más puro estilo de la mafia. En mi caso tenía un ajuste de cuentas diferente, cosas pendientes, pero buenas, positivas. Volver al pueblo de mis padres para ver a mi familia, para recordar porqué soy como soy, venir de allí y haber nacido y criado en Catalunya para luego irme lejos. Poder ser tú, mostrar tu sentido del humor sin reservas, sólo lo puedo hacer de donde soy. Ahora en el extranjero suplo mi falta de vocabulario en alemán o francés con más teatralidad que otra cosa, haciendo del humor un mecanismo de defensa para sacar cosas buenas en tierras extrañas.

Han tenido que pasar diez años para poder volver a visitar a mi familia en Extremadura, primos y tíos. Las circunstancias hacían dejarlo siempre para más tarde, más tarde. Hasta ahora. Sigue leyendo “Ajuste de cuentas”

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