El glaciar más largo de Europa

Esta tarde he visto uno de esos documentales de la 2, se llamaba «Viajar en tren» . Contaban la experiencia inigualable de viajar en tren en Suiza, rodeado de nieve. Uno de los trenes más icónicos es el Glacier Express, pero cualquier otro tren que se adentre en las entrañas de los Alpes Suizos es todo un espectáculo.

Hará ya más de 10 años, tuve la oportunidad de viajar un día completo en tren con un billete especial que se podía reservar en el ayuntamiento algunos días antes, si eres residente. Ese billete te da la posibilidad de viajar en todos los trenes de Suiza durante todo el día. Hicimos el viaje mi amiga Nicole y yo. Recorrimos si no todo el país, casi. Montreaux, Laussane.. .no sé cuantas paradas hicimos y cuantos cambios de tren, parecíamos Phileas Fogg intentando no perder los enlaces de los trenes que, curiosamente, eran increíblemente puntuales. Una de las zonas que más me impresionó de ese día en tren fue Graubünden, los Grisones, con los valles más profundos del país, donde todo lo que veías era un gran manto de nieve, que sólo contrastaba con el rojo fosforito del tren en el que viajábamos. La capital de aquella región es Chur, la ciudad más antigua de Suiza. Fue como viajar dos o tres días, daba tiempo a pensar, dormir, admirar los paisajes, a menudo inhóspitos pero no por eso dejaban de ser bellos. Pasamos por Davos, pero no llegamos a Saint Moritz, el lugar de vacaciones de invierno donde más ricos se concentran del país, sí, ¡aún más ricos!

Pero si hay un viaje en tren con de fama mundial ese no es otro que visitar la Jungfrau subiendo hasta el Jungfraujoch, un ferrocarril que te lleva a la icónica estación de tren situada a 3454 kms de altura, la más alta de Europa, desde donde se puede admirar el glaciar más largo de Europa, unos 24 kms de largo, una barbaridad. Una marabunta de turista, especialmente japoneses, suben hasta allá cargados con sus cámaras de última generación. Tienes que hacer una reserva previa, si el día de la ascensión sale tapado, con niebla, adiós al espectáculo, la experiencia se queda a mitad de camino.

Esta obra de ingeniería, la inauguraron en 1912, haciendo túneles en las montañas para poder llegar hasta ese lugar tan escarpado. Hoy en día está constantemente actualizado con lo último en tecnología ferroviaria y logística para hacer visitable un lugar tan alto para el turista común. Este viaje, aún habiendo vivido cinco años en Suiza, nunca lo llegué a hacer. Siempre iba postergando ese día, pero en cambio, visité el Jungfrau de un modo mucho más arriesgado y épico.

Trabajaba por aquel entonces en un nuevo teleférico más allá de Murren, un pueblo cercano al famoso valle de Lauterbrunnen. En Murren los coches convencionales están prohibidos, sólo pueden circular pequeños coches eléctricos que transportan a los turistas de una lado a otro. Nuestra empresa tenía un permiso especial para poder circular con una camioneta que parecía un tanque, subía por cualquier desnivel, y un quad con el que nos trasladábamos al lugar de trabajo. Lo llamativo de todo era que llegamos a ir subidos a ese quad hasta 6 personas al más puro estilo circense. Uno conduciendo, dos a los lados, dos detrás, en el porta equipajes y el último, en la parte delantera, en el capó. Más de una vez me tocó viajar en la parte delantera agarrándome como podía a unas asas para no salir despedido a cada bache que pasábamos.

Las jornadas eran intensas, hasta 13 horas de trabajo, como siempre, el tiempo apremiaba, si llegaban las primeras nevadas y no teníamos listo nuestro trabajo, los cimientos para el teleférico, la nieve lo cubriría todo y no podría hacerse nada hasta el año siguiente. Trabajábamos mano a mano con helicópteros, que nos traían en cubas el hormigón. El día que hormigonábamos, era un día muy intenso, doblemente intenso. Si el cielo se tapaba era peligroso volar y abortar el plan era muy costoso por las horas de vuelo de los helicópteros y los camiones de hormigón. Sentir el viento que levantaba encima de tu cabeza el helicóptero te subía la adrenalina a mil. A mi compañero Udo, un suizo pelirrojo algo peculiar, cada vez que se posaba encima de nuestras cabezas el helicóptero, le volaba su casco unos cuantos cientos de metros ladera abajo.

Fueron duros esos días, adelgacé como no lo había hecho en mi vida, Trabajar a más de 2.000 metros tantas horas al día hace mella a cualquiera. Pero un día, nuestro capataz, habló con los pilotos de los helicópteros y decidieron hacernos un pequeño regalo, un viaje por los aires para visitar el Jungfrau. Aquel día nos llamaron cuando no lo esperábamos a los cuatro y nos subimos en aquel cascanueces volador. El tipo voló por la cara norte del Eiger, la ruta más mortífera para los escaladores de un pico tan emblemático de los Alpes, El piloto, algo macabro, se dedicaba a relatarnos donde murió tal o cual escalador, señalándonos donde estaban aún hoy día los cadáveres. Técnicamente es imposible rescatarlos en un lugar tan inaccesible. Cada vez que giraba el helicóptero fuertemente, parecía que se fuera a precipitar al vacío de un momento para otro. Me acordé de Félix Rodríguez de la Fuente, de Rajoy… Hizo un vuelo interminable sobrevolando el Eiger y el Monch, para luego posarse en la cima del Jungfrau, a más de 4.000 mts de altura. Podíamos verlo todo, hasta el lago Lemán. Después volvió a echarse a volar para sobrevolar la estación del Jungfraujoch, donde podíamos ver a los turistas en la terraza mirador como hormiguitas. Vimos unas grietas enormes de los glaciares y la famosa y larga lengua del glaciar, ese que tiene 24 kms de largo.

Demasiadas impresiones en tan poco tiempo. Sólo quería volver a casa, tomar tierra sano y a salvo para, tal vez contarlo un día de estos como lo cuento ahora por aquí. Así que, no subí al Jungfrau en el famoso tren de cremallera, sino que lo sobrevolé. Podría hablar más viajes en tren como la subida en un tren a vapor al Rothorn, un tren que pasaba por delante de mi casa a cada diez minutos, donde los turistas hacían fotos a casas de madera como la casa donde vivía. A este si me subí. O también hablar del Gelmerbahn, el funicular con la pendiente más empinada de Europa, con tramos de hasta 106%. Este también lo probé y sobre todo más que la subida, lo realmente acojonante es la bajada.

Ah! trenes! Ah! Suiza! Un día tendremos que repetir.

4 comentarios en “El glaciar más largo de Europa

  1. Hola, Burdon. Estoy a favor de que me hables de más recuerdos sobre tus viajes en tren. Y gracias por esta crónica tan interesante, casi parece un cuento de ficción con esos detalles como que se le volara el casco a tu compañero pelirrojo. Leyéndote me sentí ahí entre la nieve y con los helicópteros sobre mi cabeza.
    Saludos 🙂

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    1. Hola Coremi, gracias por pasar a leer, y a comentar!

      La verdad es que de viajes en tren, tal vez los que guarde con más cariño son los de Suiza, en España sólo he cogido un par de veces el tren para ir a Madrid y bastantes veces el tren de cercanías para ir a Barcelona, normalmente viajo más en coche, y como curiosidad,is viajes a Suiza o Alemania solía hacerlos solo.

      Mi compañero pelirrojo, si quieres que me extienda en si descripción, era efectivamente pelirrojo, con melenas rizadas, pero tirando a calvo, con bigote como un galo de un comic de Astérix, de voz nasal motero de Harley. Ahora si puedes visualizar al tipo corriendo ladera abajo en mitad de los Alpes en busca de su casco. 😁

      Tengo un tema para un nuevo post, pero esto es las historia que otra cosa. Los orígenes del turismo, los romanos!

      Saludos cordiales.

      Pd. Vengo de leer tu reseña conjunta de las novelas, que como la mayoría que comentas, no he tenido el gusto de leer. 🙈

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