Cala Sant Joan y el derecho a perderse para encontrarse

Cinco meses dan para bastante para descubrir caminos, pueblos, calas, playas, montañas, valles hinóspitos y sorprendentes, llanos donde la luz lo inunda todo. Tenemos sin duda nuestra playa  más recogida y bonita y cercana. Se trata de la Cala de Sant Joan, que no la de Sant Pere, a sólo 3 kms de Alcúdia.

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Cala de Sant Joan

Nos bañamos, hacemos snorkel, escuchamos a los bañistas, en su mayoría, hablar en español. Llámenlo como quieran, pero se hace todo más distendido. Las puntas de las montañas que rodean la bahía de Pollensa protegen el lugar del mar bravo. Las vista de las montañas de la Tramontana son interminables, hasta el cabo de Formentor, donde termina con el famoso faro de Formentor. Después de un buen baño de agua y de sol, volvemos a Alcúdia para hacer unas compras, compramos trampó y algunas cosas más para comer por el camino. En el centro están de fiestas, una feria de gegants, algo muy típico en Catalunya y por lo visto en Mallorca también.

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Els Gegants de Alcúdia

Un poco más tarde se nos ocurre volver al mismo sitio, a Cala Sant Joan. Aparcamos en un inusitado aparcamiento vacío con vistas a la Cala y a parte de la bahía. Lujazo máximo para cenar a la fresca. Una pareja a nuestra derecha ya aparcó su bulli, su Volkswagen T3 mirando hacia el mar para ver las vistas de noche y levantarse viendo el amanecer con una vistas impresionantes de la bahía. Esa sensación de libertad es impagable. Los envidio. Tomo nota para un futuro no lejano.

Se nos ocurre explorar más adelante, donde parece que acaba la calle, ya de tierra. La zona se llama Manresa, y tiene una especie de castillo o algo así que culmina la pequeña loma, una especie de saliente, de cabo que entra en el mar. El camino y su vistas son espectaculares. Nada de hoteles ni nada parecido. Sólo el mar y las rocas, y al fondo la Tramontana y las luces del Port de Pollença. Es entonces, y sólo entonces cuando veo tanta agua a mi alrededor, que me acuerdo que vivo en una isla.

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Desde el cabo de Manresa, reserva natural. Al fondo el Port de Pollença

Encontramos ya anocheciendo, casi sin saber por donde pisamos, un enorme agujero natural, con formas caprichosas en la roca, como si lo hubiera tallado el hombre. Pero no, es todo natural, es enorme. Algo digno de ver a plena luz del día.

Vistas despejadas, o el derecho de vivir en paz

Llevamos un puñado de pueblos visitados ya. Los últimos han sido Ariany y Petra. El primero es pequeño, bastante pequeño, pero tiene unas vistas desde el jardín de la iglesia espectaculares. El pueblo entero es un gran balcón con vistas coronando lo alto de una colina desde donde se puede ver el gran llano de Mallorca situado en el centro de la isla. Puedes ver más allá. Puedes ver Petra, un pueblo con mucha historia, a dos pasos de Manacor. Puedes ver a lo lejos Llubí, otro pueblo situado en lo alto de una colina, otro pueblo con vistas. Pero es que el domingo estuvimos en Santa Margalida, otro pueblo con vistas espectaculares, desde su gran mirador, también pegado a la iglesia, puedes ver desde el sur el mismo inmenso llano, vislumbrando a lo lejos los diferentes pueblos encaramados en sus respectivas colinas. Otro pueblo con vistas, más al sur y al este todavía es Artá, con una vegetación diferente al llano de Mallorca, más verde y silvestre.

Estos últimos días ha estado lloviendo intermitentemente, ahora llueve y nubla, ahora sol, ahora truenos y relámpagos ahora despeja… Parece como la vida misma, una de cal y una de arena. Cuando ocurre eso me subo a uno de esos numerosos pueblos con vistas y me paro a contemplar esta isla llena de contrastes, de los que viven muy bien y de los que apenas tienen para subsistir. Me recuerda a esa canción de Silvio Rodríguez, Sueño con serpientes , un mal sueño del sistema capitalista, que intentas matar y sale una y otra vez.

Hoy se cumplen 45 años del asesinato de Víctor Jara, cantante, compositor, pacifista. Sólo armado con su voz y su guitarra. La canción de abajo trata sobre la libertad del pueblo de Vietnam, pero vale para todos los pueblos oprimidos y vilipendiados. El derecho a vivir en paz.

 

Me han robado la Mountain Bike

Me han robado la mountain bike, y no ha sido en la Plaza Real, como cantaba Sergio Makaroff.

Ocurrió hace un par de días. Mona se llevó mi mountain bike para dar una vuelta por un pueblo cercano, uno de los más bonitos y que pasan más desapercibidos de la isla. No lo mencionaremos para no dar pistas sobre la identidad del protagonista que en breve voy a narrar.

Después de varios kilómetros pedaleando, Mona llegó al pueblo que le enseñé días atrás en un paseo en moto. Le encantó igual que a mí cuando lo visité por primera vez. Sus vistas, su vegetación, la tranquilidad que se respira… mignon, como dicen los franceses. Un pueblito con encanto. En eso que llega al centro del pueblo y aparca la bici a un lado poniéndole el candado para disponerse a dar una vuelta por sus calles. A su vuelta se fija que la rueda trasera está pinchada. Shit! tiene que llamar a mis compis para que vayan a buscarla. La pasan a recoger pero la bicicleta queda allá, amarrada, no cabía en el coche. Quedó allá para cuando yo volviera del trabajo para meterla en mi coche.

Por la tarde fuimos a buscarla y nos llevamos la sorpresa. No estaba. Había  atado la bici entre la rueda y el cuadro de la misma, sin atarla en una farola o algo parecido. Ya la liamos. Miro a mi alrededor a lo  John Travolta, hasta que caigo en la cuenta que en el bar de enfrente alguien ha debido ver algo. Demasiada gente en la terraza para que a alguien le hubiera pasado desapercibido.

Pregunto a la mujer del bar y me dice que no sabe nada, empezó su turno al mediodía. En eso que un señor que estaba en el extremo de la barra del bar se nos acerca y nos dice:

– ¿Sois los dueños de la bicicleta? Yo sé quién la tiene.

Nuestra cara de sorpresa es innegable…

– ¿¿Quién la tiene??

– La policía.

– ¿Porqué? ¿estaba prohibido dejarla ahí?

Nos contó que un policía municipal la vio ahí sola y decidió guardarla en su almacén al ver la posibilidad de que alguien se la llevase cargándola al hombro. El policía hizo como en aquella peli protagonizada por Tom Cruise, donde actuaba antes de que se cometiera el delito, se anticipó  a las posibles fechorías de los amantes de lo ajeno. Al día siguiente llamé a la policía local y le expliqué lo ocurrido. Él me contó su versión de lo ocurrido y se excusó por su acción argumentando que ya habían robado más de una bicicleta en el pueblo.

Fin del misterio con final feliz. Mañana toca cambiarle la cámara y a rodar de nuevo se ha dicho.

Un lugar en el mundo

Empiezo de nuevo con la misma tónica, disculpándome por mis ausencias por este blog. Algo que odiaba en el pasado cuando lo decían los blogueros de antaño de principios del 2000, cuanto empecé en esto de los blogs. Algunos seguimos por aquí, a la deriva, como si de un naufragio hubiéramos acabado todos dispersándonos.

La razón es simple. Muchas cosas nuevas, muchas visitas a los rincones de la isla, muchas averiguaciones para encontrar mi sitio, nuestro sitio. Todo por hacer, como titulaba en mi primer post en esta nueva etapa en Mallorca. Tomar decisiones desgasta, física y mentalmente, pero lo prefiero a mustiarme poco a poco. La vida hay que tomárselo en serio,  no dejar que otros decidan por ti.

Me acuerdo de unas declaraciones que hizo hace años Miguel de la Quadra-Salcedo, incombustible aventurero y corresponsal de guerra. Venía a decir que el tiempo que dedicamos a dormir en nuestra vida es frustrante, la de cosas que podríamos hacer con la mitad de ese tiempo de sueño. Un cuarto de tu vida.  Pues parece que sus palabras resuenan en mi inconsciente, no paro mucho tiempo por casa, hay que mirar cosas, descubrir otras tantas, trabajar para comer y pagar facturas… ¡qué sin vivir!

Sigo descubriendo sitios, como Orient, uno de los pueblos más inhóspitos de Mallorca, situado entre Bunyola y Alaró en un valle perdido en medio de la sierra de la Tramontana. Reina el silencio.

Ir al mercado de Sa Pobla se está convirtiendo en una costumbre de las mañanas del domingo. Compramos fruta y verdura fresca, directa de los payeses y cae normalmente una cañita por allá. Visitas a más calas, agradables visitas venidas del extranjero…

Estos últimos días la moto me está salvando de pelearme para encontrar aparcamiento en el centro de Palma. La mejor decisión que pude hacer, traérmela para acá. Poco a poco nos vamos haciendo al lugar, al ritmo de vida isleña. Será toda una experiencia pasar el invierno aquí. Tal vez sea más que interesante, toda la isla para ti, fuera calores, fuera turistas.

Toda esta batalla que es la adaptación a un nuevo lugar, porque no todo tiene porque ir sobre ruedas, porque hay que superar y conquistar los problemas, pelearlo, y una vez ganada la batalla, disfrutar, disfrutar todo lo posible de las cosas sencillas, o de lo que tú más quieras.

Echando la vista atrás, de tanto trasplante de maceta, de no saber dónde echar raíces, ni tan siquiera si quieres echarlas, uno sólo aspira a ser feliz durante este viaje, a encontrar un lugar en el mundo, donde te sientas bien. En esas estamos.

El viernes fuimos a un festival en Palma, el primer festival de Malditos Cantautores, un ciclo de conciertos enfocado a promocionar la música de las islas, invitando también a músicos de la península. La noche del viernes fue perfecta, un cartel de 10 artistas tocaron durante más de 7 horas en un lugar con encanto como es “Sa Posessió”. Volví a ver  a viejos conocidos que siguen en pie de guerra como Riki López o Daniel Higiénico y a otros nuevos que me maravillaron como Capitán Cobarde (Albertucho), Sheila Patricia, Mr Kilombo. Uno de los agradables descubrimientos fue ver a Muerdo en concierto, canta bonito, tiene alma y una juventud insultante para las tablas que tiene sobre el escenario.  Os dejo con una de sus canciones que como tantas otras, me inspiran y me dan aliento para seguir con esta aventura. Lejos de la ciudad.

No saben de donde vienen

y menos a donde van…

 

pd. Esta es la entrada número 80. La tontería da para rato largo.

pd2. La imagen de cabecera es de las vistas desde lo alto de una de las montañas de Locarno, en el Ticino, en Suiza.

Viajar

Estas últimas noches las pasamos en la terraza de casa, a la fresca, mirando las estrellas y la serralada de la Tramuntana, que nos protege y maravilla a partes iguales.

La conexión llega aquí arriba, hago mis pequeños quehaceres mientras Mona hace yoga y pincha  una selección de canciones en Spotify. Ayer era la noche latina, hoy toca noche de la Chanson.  Entro en el blog después de algo más de una semana. Mona me dice que la cabecera del blog está desactualizada, que Teo debería hacerme una nueva más acorde con el nuevo lugar.  Es posible, pero si a mí me da pereza o me falta tiempo para escribir por aquí, menos le iba a pedir que me hiciera un nuevo dibujo.

Repasamos las fotos de la galería del blog. Hemos viajado bastante, tenemos historias de cada uno de los lugares que se pueden ver en las fotos. La mitad las hice solo y la otra mitad con ella. Las fotos de las nevadas en Suiza, de los cielos eternamente encapotados durante el invierno me estremecen. Eso si que es un invierno en toda regla. El Berner Oberland podía ser un lugar increíble, como duro y áspero.

Viendo las fotos caemos en la cuenta que estos últimos meses, aparte de la menudencia de haberme mudado a una isla y ella venir meses después, poco más hemos viajado. Andamos en una empresa que nos quita mucho tiempo (hacernos un hueco en esta isla). Por otro lado, vamos descubriendo los rincones de Mallorca. El otro día estuvimos en Santa María del Camí, un pueblo que tenía ganas de visitar. Fuimos el día del mercado. Nos encantó. También la semana pasada visitamos Campanet, elevado en una colina como tantos otros, nos gustó bastante, o Selva y Caimari, pequeños y coquetos, pegados a las faldas de la Tramuntana.

Portocolom es otro de nuestros descubrimientos. Estuvimos el domingo pasado. Es un puerto natural enorme. Se respira paz, harmonía. Las casas son  completamente diferentes a las de Selva y Caimari, más de montaña. Las de Portocolom son en cierto modo parecidas a las de Lipari, una de las islas Eolias, las cuales visitamos el año pasado.

Este verano no he tenido vacaciones. Me he quedado de retén, por así decirlo, y he tenido que hacer de todo, conductor, medio encargadillo, corre ve y dile, y entre otras cosas, hacer mis trabajos habituales. En agosto aquí huyen en desbandada. Espero poder desquitarme con escapaditas a Menorca e Ibiza y hacer la enésima mudanza, una más sí. A un sitio con el suficiente espacio para poder acoger a amigos y familia. Creo que cuando suceda eso las visitas tendrán que hacerse con reserva anticipada.

Esta vez este post no va a tener fotos, esas que tanto os gusta. Ando en la terraza y me da pereza ponerme  a insertar fotos. Dadle una oportunidad a vuestra imaginación.

Me voy, que se me están congelando las ideas, el relente está haciendo acto de presencia.

 

 

¿Acorralado o perdido?

Vuelvo a este diario que no es diaro, a esta bitácora de notas sobre el rumbo y los acontecimientos, a este blog vaya, para contar cosas por aquí para mí, para ti, lector que lees en silencio, para aquel que lo quiera leer. Un dolor de riñones considerable y traicionero me ha hecho postrarme en el sofá y no moverme más hasta nueva orden. Se acabó por el momento tanta fiesta y tanto viajecito por aquí y por allá. Sea como fuere, aquí ando de nuevo.

Entre Na Clara y Escaló

Hace una semana más o menos me medio perdí en una zona de la costa este de Mallorca, en Betlem, en busca de la cala “Es caló”. Me metí campo a través, sin sendero ni nada, que poco a poco se fue espesando, con arbustos con pinchos y perdiendo la visibilidad por momentos. Todo por encontrar la cala perfecta, algo que no encontré. Las pasé putas para salir de allí. Mientras tanto iba sacando fotos del paisaje salvaje de la costa. Tal vez si hubiera muerto en el intento de salir de allí, al encontrarme magullado por las espinas de los arbustos, al menos habrían encontrado un buen puñado de buenas fotos. Morir con vistas. En aquel momento pensé en porqué no llevaba en la mochila un machete, como Michael Douglas en la peli de “Tras el corazón verde”. Podría salvarme a mí y ya de paso a una dama en apuros…

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Las aguas de Na Clara.
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El camino hasta cala es Caló.
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Vistas desde Na Clara.
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La foto que hice en mitad del campo de arbustos, perdido en Mallorca, en toda regla.

 

El caso es que después de sudar la gota gorda, conseguí salir de allí y juré y perjuré que nunca más me saldría de una vereda. Al menos no en pantalones cortos.

Perdido en el Rothorn

Hará algo más de dos años me pasó algo parecido, pero en los Alpes Suizos, donde viví 5 años. Un fin de semana de estos que no tienes ganas de quedar con nadie, sin saber qué hacer, porque cualquier cosa es cara por allí, decidí hacer “una pequeña excursión”, en busca del Rothorn, el pico más cercano desde el pueblo donde vivía, en Brienz, uno de los pueblos más turísticos y espectaculares de Suiza. Cogí mi mochila, mi cámara buena, una barrita de chocolate, una chaqueta y au, a subir montaña arriba. El Rothorn, tiene más de 2300 mts de altura, de ahí que me llevara la chaqueta aunque fuera verano.

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Durante la ascensión al Rothorn, seguí las vías del tren a vapor que sube hasta la cumbre.

Empecé a subir la montaña, tiré fotos a porrillo, cada vez más espectaculares. Hasta que llegué a un punto donde la nieve hacía acto de presencia, nieve en verano, en los picos. Ahí fue donde me salí de los caminos y veredas e intenté coronar el Rothorn campo a través. Craso error. La pendiente se iba haciendo más grande a cada paso que daba, pero no me daba cuenta. Cuando llegué a  un punto excesivo para seguir subiendo con esa pendiente, era demasiado tarde. Si mirabas abajo podías ver el lago de Brienz, a lo lejos, y una pendiente de vértigo que si no te agarrabas bien, salías rodando como una croqueta y no parabas hasta llegar al fondo del valle. Ese momento de desesperación de saber que la habías cagado. Que de intentar seguir más arriba, corrías el riesgo de empeorarlo todo porque no sabías que habría más allá, y que volver era demasiado peligroso para hacerlo si no reptabas montaña abajo cual serpiente.

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Este fue el punto de retorno de mi intento de ascensión a la cumbre.

En ese momento de desesperación, levanté la mirada del suelo y vi a un steinbock, una cabra de los alpes mirarme fijamente. La vi tan cerca, tan puesta para la foto, que me apresuré a sacar la cámara para hacerle una instantánea. Cuando volví a levantar la mirada me encontré que tras ella se encontraba una manada de unos 30 o 40 steinbocks  corriendo por esas pendientes de las que yo era incapaz de dar un paso más. Hice muchas fotos, pensando igual que lo que me pasó recientemente en Mallorca, al menos haría unas buenas fotos de ese momento tan especial.

La vuelta, fue pesada, pendiente abajo, despacito, como la canción de Luis Fonsi, casi reptando por la tierra para no tropezarme y caer montaña abajo. Me pegué una pateada de muy señor mío. Desde entonces nunca más subestimé las montañas suizas.

Casos aislados

Otros casos de desorientaciones y acorralamientos han sido en el parking de Plaça Catalunya de Barcelona, mucho más urbanita. Buscando mi coche por la noche con Ivonne y no encontrarlo hasta pasadas las 3 de la madrugada. Habían cerrado el paso a una de las plantas del famoso parking. Otro momento de perdida total fue en Toledo, esta vez con mi familia, cuando era un niño. Mi padre dejó el coche en alguna de las muchísimas callejuelas de la ciudad amurallada y no sabíamos encontrarlo de nuevo.  Esa fue mi primera experiencia con el mundo de las desorientaciones,  y de lo frustrante que es no poder poner fin a la situación como tú quisieras.

De todo esto de la sensación de salirse del camino y perderse por un momento, de perder el control por momentos de la situación, podemos hacer una metáfora muy maja. Mi único consejo es; respira hondo y sigue.

 

 

 

Haciendo snorkel, en busca de estrellas de mar

El fin de semana pasado me llevaron a visitar una cala nueva, Cala Brafi, al sureste de la isla, al lado de Portocolom, uno de los pueblos turísticos de la zona. En el mismo pueblo tienen una cala guapa llamada Cala Marçal, pero si vas un poco más a las afueras,  siguiendo un sendero lleno de pinos, piedras con formas caprichosas y muritos para saltar, te encuentras a unos 6 minutos de donde dejas el coche una cala virgen, por así decirlo. Pegada al agua están  los restos de una especie de ermita. Este fin  de semana fui de nuevo, pero ya preparado con mi máscara de hacer snorkel, que es un cacharraco pero se respira que da gusto y  no agobia tanto como las típicas gafas de buceo, unas aletas nuevas para moverme como pez en el agua, nunca mejor dicho, y la go pro, para probar a hacer unos vídeos.

Esta vez no vi pulpos como la otra vez, ni rayas, pero si peces de todo tipo y estrellas de mar. La cosa es que buceando, buceando, te olvidas que  estás alejándote de la cala y estás te encuentras perdido en sitios poco accesibles debido a las rocas. Ahí va un pequeño vídeo, No he editado gran cosa, que ponerse frente a la pantalla mucho tiempo con este calor no es el mejor plan. A partir de ahora a buscar nuevas calas donde haya muchos pececillos y posidonias.

Luna roja, luna de sangre

Anoche quedamos unos cuantos, gente venidas de todas partes de la península. Marinos, ingenieros forestales, jefes de obra, camareros, gente de la cruz Roja… gente muy dispar de aquí y de allá, incluso mallorquines. Nos plantamos en Es Molinar, una barriada de Palma que antiguamente era como la Barceloneta de Barcelona, un barrio humilde y marinero. Ahora, como en muchos sitios, se revalorizan estas barriadas y gente con guita llegan para hacerse su nidito de amor. Si miran a su derecha, si tienen la suerte de tener una terraza en lo alto de su casa, o si se asoman por el interminable paseo de Es Molinar, pueden ver la catedral de Palma iluminada a lo lejos, y moles de hierro zarpando en mitad de la noche. Mega cruceros iluminados con mil y un colores. El espectáculo es digno de ver.  Pero anoche la protagonista era la luna y su eclipse, el más largo del siglo XXI. A ratos no la vimos, y a otros ratos se dejó ver mejor. Creo que habría sido mejor verla desde Sineu, donde todas las noches son estrelladas, donde la contaminación lumínica está bajo mínimos. El caso es que en mitad de las horas del eclipse, entre cervecita va cervecita viene en la playa, el mar empieza a encabritarse, las olas empiezan a chocar con más fuerza en la orilla, ganando terreno a la playa. Alguien da el grito de alarma.

-¡Corred!

Y corrimos. Cogimos las toallas, las neveras, las cervezas… podemos dejar nuestras novias y novios, ¡pero las cervezas no! xD  El agua llegó hasta donde estábamos en un pis pas, un poco más y la liamos parda. Nos desplazamos casi pegándonos al borde del paseo marítimo. Las olas vuelven a retomar poco a poco la calma de antes. Y así un par de veces más. Esto son cosas de la luna y su eclipse, fijo.

Hoy, que no sé yo si tiene algo que ver la luna, el eclipse o la mala suerte, se me han caído dos módulos de la cocina con toda la comida dentro. Intentaba colocar uno de los enganches que se había soltado e iba a hacer caer uno de los módulos colgados de la cocina. Y va y resulta, después de mucho trajinar, que se caen los dos. No me he matado de milagro, ni se ha desparramado la comida de milagro también. Eso sí, dos módulos de la cocina están para la basura, se descuajeringaron. Que digo yo que al estar expuesto a un eclipse tan largo, tan especial como el de anoche, algo tendrá que ver con lo de la caída del mueble. O eso es al menos lo que diremos al casero. A ver si cuela.

Así a bote pronto, dejo tres perlas dedicadas de alguna manera u otra al influjo de la luna. Hay muchísimas más, pero tampoco esto es una lista de los 40 principales.

 

A la Media Luna – Juan Perro

Temazo de un imberbe Juan Perro (musicalmente hablando, claro). Dedicada al influjo de la luna y sus mareas, de las cosas que ocurren bajo sus rayos en mitad de la noche.

 

Lunático – Los eléctricos

Mis amigos, los Eléctricos, también le dedicaron una canción a la luna con esta pegadiza canción. ¡Es imposible no poder tararearla con ellos!

 

Lunático – Pata Negra

Con el mismo nombre los Eléctricos, aunque el orden de factores no afecta el producto,  esta canción la sacaron a finales de los ochenta. Inspirada en noches de verano con luna llena, tal  y como aparece en esta escena de la tan recordada “Bajarse al moro” . Con un jovencísimo Antonio Banderas haciendo de madero, y una Aitana Sánchez Gijón jovencísima también, al lado de dos actorazos como Verónica Forqué y Juan Echánove. Sin olvidarme de Miguel Rellán haciendo de cura. Todos magníficos.

Por la sombra

El calor no da tregua en Palma. Estos últimos días voy al trabajo con la moto, me muevo mejor de un lado para otro, ligero de equipaje. Es fácil verme yendo por las calles del casco antiguo de Palma, esquivando turistas, cargado con pinceles, rodillos, masilla y todo tipo de herramientas menores. Cada día es una historia diferente, me gusta. Trabajo en un edificio donde dentro del hall tiene una especie de estanque. Lo diseñaron con tan mala idea nada más entras por la puerta, si das dos pasos, te caes en la charca. Es como de 20 centímetros de alto, no tiene ni barandilla ni nada. Me imagino más de un remojón para el que entre por primera vez y vaya despistado.  Pero bien mirado, un buen chapuzón en la charca no estaba mal para luego salir a la calle. El bochorno se ha instalado en la isla y no se irá en bastante tiempo. Hace calor. Nos mandan cambiar algunas baldosas movidas o rotas en la calle delante el edificio terminado. Como siempre, llego para hacer repasos, pequeñas cosas, menudencias que no por pequeñas son más rápidas de terminar. Ponemos una cinta de plástico en todo el perímetro a arreglar para que la marabunta de turistas no nos pisen las baldosas recién cambiadas. La escenas de despistes se suceden. Sobre todo por parte de la gente que va ensimismada mirando su móvil. Hasta que veo acercarse a dos monjas. Dos monjas que se disponen a pasarse por el forro el perímetro cerrado levantando la banda de plástico con sus manos sin pensárselo dos veces.

 

  • ¡Oigan!, ¡hermanas!, estamos trabajando, ¿no pueden ir  por el otro lado? 
  • No hijo no, que por aquí nos da la sombra. Sonríen cómplices, girando la vista y mirando por encima de sus lentes. Se giran de nuevo al frente y prosiguen su camino.

La iglesia es la ley, la calle es suya. No me hacen caso ni a mí ni  a lo Enemigos. Por la sombra.

 

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