Días de vino y rosas

El verano está siendo especialmente caluroso, el punto de no retorno ya está aquí, ya podemos acostumbrarnos a un tiempo completamente virulento e impredecible en sus elementos. Pero de momento, entre fenómeno climático, lluvias torrenciales y olas de calor varias, trabajo horas y horas en solitario, preparando un nidito de amor entre los pinos del Mediterráneo. De vez en cuando levanto la mirada y veo un velero navegar solitario en el horizonte. El mar está allí, a lo lejos, como diciéndome, ven, deja aquello que estés haciendo. Pero no le hago caso, uno tiene que pagar facturas y las facturas se pagan trabajando. O eso o robar un banco, o montar un partido político, en fin.

El otro día, escuché de fondo una música de piano como de otra época, y un trombón, o algo que se sopla, no me pregunten por el nombre del instrumento, sólo sé que sonaba muy relajante. Tocaban a la sombra de los pinos de la finca contigua, en medio la calma típica del verano, donde parece que el tiempo se detiene en la sobremesa. Es ahí donde me imagino a la vecina francesa de la finca de al lado. ¿Tocará ella o sus invitados? Me la imagino a ella, de mediana edad, con ese savoir faire de los franceses, entre elegancia y sofisticación, viviendo esa vida despreocupada de la Nouvelle Vaugue, como en aquella película de finales de los sesenta donde salían Alain Delon y Romy Schneider viviendo la Dolce Vita en una villa de la Costa Azul. Zambulléndose en la piscina para mitigar el calor, tomando gintonics en una hamaca, bronceándose sus cuerpos, dando rienda suelta a su pasión de gavilanes mientras piensan en el plan para la noche siguiente. O tempora!, O mores! y yo aquí, laburando por un puñado de euros.

Dramatizaciones aparte, no me quejo, me apunto a todas las fiestas populares de los pueblos de la costa, me baño en la playa cuando me apetece y me escapo de vez en cuando de acampada al país vecino, a los pirineos franceses, algo más mundano, pero es agradable saber que te escapas de tu realidad por un par de días. No todo son días de vino y rosas, pero un dulce no le amarga a nadie de vez en cuando.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.