Vi hace poco un documental muy interesante sobre los peligros del turismo en masa, de la invasión total de turistas a destinos tan visitados como Venecia o Barcelona. Apuntaban que de alguna manera expulsan a sus propios lugareños por la implacable especulación, cerrándose así negocios y evaporándose esa vida que un día fue tan atractiva para el turista.
En el caso de Barcelona, me toca más de cerca, y sí, el fenómeno va a más, y los residentes a menos. Las tiendas de baratijas de pakistanís se acumulan en las Ramblas, el Gótico o el Raval, ya no es la Barcelona que yo conocí de niño, se ha convertido en un gran parque temático, un reclamo que parece que se vende fuera. Si no has estado en Barcelona, no sabes lo que te pierdes, hay que ir. Y la gente va, consume y se va, y seguidamente vienen más y más gente nueva. Aún así, Barcelona es mucha Barcelona, ahí está. Lo mismo pasa con Amsterdam. Cuando la visité, un sábado cualquiera, estaba literalmente petado de turistas, a pie, pero sobre todo en bicicleta y en barcas por los canales. Un estrés total. Intuyo que todos íbamos en busca de las mismas calles. Lo mismo me pasó con Brujas, eso ya no es un pueblo pintoresco, es un parque de atracciones y mucho estrés que provocamos por el ritmo alterado de nosotros los turistas.
En el documental venían a decir que desde que el nivel adquisitivo del turista medio aumentó, donde te pagan tus días de vacaciones en la empresa, donde el precio de los billetes de avión es como una excursión en bus aquí tres pueblos más allá y sobre todo, desde que las redes sociales invaden sitios idílicos con todos los datos y coordenadas a golpe de click. Parece que si no viajas a estos destinos no eres nadie.
Uno de los detalles más curiosos que dejan claro de esa tendencia de enlazar viajes a la mínima ocasión que tienen es la de los jóvenes que participan en concursos de la tele. A los participantes, normalmente jóvenes, les preguntan por qué harían con el dinero que ganasen, y todos, prácticamente todos, dicen de hacerse un viaje aquí y allá en vez de qué sé yo, para sus estudios, par la letra de un piso, la entrada, o al menos para los muebles de su piso de alquiler. Nada, lo apuestan todo a los viajes.
Leyéndome así, cualquiera diría que no me gusta viajar. Todo lo contrario, me encanta, y espero poder viajar un poco más allá, no porque me lo diga una moda, sino por simple curiosidad de ver otros sitios, otras gentes, pero a ser posible, que no esté masificado de turistas. Por pedir…
Turismo de moda y surfero
El año pasado noté una gran diferencia visitando de nuevo Asturias y Cantabria, especialmente por el turismo de jóvenes surferos. Fue realmente agobiante ver todo atestado de coches, furgonetas, autocaravanas… En mis primeras visitas al norte las recuerdo tan plácidas, tan interesantes… lo mismo me ha pasado con Portugal en estas vacaciones. Ahora a todo el mundo le da por ir a Lisboa, a Oporto, al Algarve, Sintra… y sobre todo, más y más surferos. Curiosamente, disfrutamos más en ciudades más del interior y bellas por ellas mismas, las cuales no las tienen en la ruta de tour que no debe perderse el turista. Y lo peor de todo, mucho de ese turismo no quiere mezclarse con los lugareños, con los portugueses, vienen con sus compras, sus amigos, o solos, y no empatizan con ellos de forma natural, siendo los portugueses bastante sencillos y fáciles en el trato.

Postales Suizas
Por otro lado, en mis años en Suiza, viví en un par de pueblos que básicamente viven por y para el turismo, Meiringen y Brienz. Vivir entra los suizos, trabajar día a día, y ver una y otra vez las hordas de turistas, mayormente de poder adquisitivo, como visitan los lugares clave que se anuncian de Suiza, el reclamo perfecto, cuando sí salías un poco más allá de esos tours, tenías ante ti montañas y lagos para perderte, glaciares inhóspitos, tanta atracción natural y pueblos de cuento… algo que si no vives una temporada allí no te da tiempo a descubrir en unas simples vacaciones.

Cerca de Brienz
Una de las zonas más despobladas de Europa
Teruel, es una de las zonas más despobladas de Europa, pero dentro de esta provincia está la comarca del Matarraña, de la cual tengo una especial relación al llegar de casualidad en plena pandemia, donde el turismo, que lo tiene, es tan mínimo, que puedes perderte tranquilamente por sus pueblos, sus campos de olivos, sus pinares, que no te encuentra ni el tato. Toda una experiencia eso de vivir lo contrario de la masificación, y más aún si es turística. Hasta que no llegué allí, en plena pandemia, no había conocido un silencio tan sepulcral como el que sentí en el Matarraña. Abrumador, sólo roto por el canto de los búhos o los graznidos de los zorros en época de apareamiento.

Jóvenes, go home
Personalmente, no me importa demasiado hacer visitas en plan turista, soy uno más, intentando respetar el lugar que uno visita, pero tal vez, uno de los lugares donde de alguna manera más me he sentido fuera de lugar, además de Calabria, diría que fue en la región del Mosela, en Renania-Palatinado, en Alemania. El río Mosela dibuja una orografía interesante de colinas plagadas de viñas, bellos castillos en lo alto de sus lomas y casas que parece que, premeditamente, intentan conservar tal y como son desde hace cientos de años. La particularidad de este lugar era el tipo de turismo que me encontré, turismo de la tercera edad, ¡o la cuarta! gente de avanzada edad, llenando las calles de los pueblos más conocidos como Cochem. Que sí, que sí, muy bonito todo, el castillo, las casas, la naturaleza, pero ni un niño, ni prácticamente una persona de mediana edad, todos abuelos. Fue en un pueblo cercano al río Mosela y cercano del increíble castillo de Eltz, donde pernoctamos en una antigua posada que, como ya habíamos visto en otros pueblos, estaba llenos de gente mayor, muy mayor. Nosotros, unos cuarentones dinámicos éramos unos intrusos. Antes, durante y a la mañana siguiente. A diferencia de los otros huéspedes, la señora que regentaba la posada, compartió conversación acercándose a sus mesas mientras desayunaban con sus tacitas de porcelana y sus cosas de abuelos entre risas y les cobró en recepción. A nosotros nos cobró en el pasillo. Le pagamos con un billete de 50 euros y se lo metió por dentro del escote a buen recaudo para luego «desearnos» con cara de pocos amigos un buen día mientras se colocaba sus brazos en jarra. Jóvenes!, go home!, le faltó decir.

Cochem
Este 2023, a poco días de terminar, ha habido tiempo para turistear un poco. Sólo espero que para el próximo 2024, salgan nuevos destinos a los que ir, sean turísticos o no. La cosa es viajar para salirte de tu día a día y ampliar horizontes.
¡Buena entrada de año!, ¡feliz año!

Hola, Burdon. ¡Feliz año nuevo! Espero que tengas la oportunidad de realizar muchos viajes durante este año y vengas a exponer tus impresiones por aquí, que siento como si estuviera allí al leerte. Deberías trabajar en una revista de turismo, tus crónicas son muy amenas y fuera de lo estereotipado. Saludos 🙂
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Gracias Coremi por todos los comentarios tan positivos y constructivos, porqué no decirlo. 😀
La verdad es que cada vez que escucho música nueva, o un viaje nuevo, lugares por descubrir, siempre tengo ganas de compartir mis impresiones.
Seguro que este año nuevo traerá nuevos viajes, con gusto los iré relatando por aquí.
Un saludo!
pd. Todo yo soy estereotipado. 😀
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Te paso un grupo de mi país, a ver qué te parecen. Así aporto a tus nuevos descubrimientos de año nuevo: https://www.youtube.com/watch?v=ENJOoDlwMX0&list=PLWnV-4r2rKousjaS6wuv-GVllFifwZin0
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Me gusta la cumbia! me gusta, me gusta, no los conocía para nada, suenan muy bien. A mí me gusta en especial, Kevin Johansen, que hace pop, cumbia y un montón de estilos que cuajan con sus letras personales, irónicas, con sentido del humor y bellas a la vez.
Gracias por la aportación Coremi. 🙂
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De nada 🙂 Sí, Kevin Johansen es un gran músico, ya lo vi en alguno de tus posts.
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