La parcelita (que vienen los cuñaos)

Vengo del aeropuerto, de vuelta a casa. Hogar dulce hogar. Si algo bueno tiene vivir en la luna, es que las visitas son con cuentagotas. No mucha gente puede permitirse todavía el viajecito hasta acá. Trescientos mil kilómetros no se hacen en un suspiro. Ciento treinta y dos horas dándote la lata los de Ryanair con sus perfumes, sus lotos y demás mierdas. Algo más de cinco días de viaje es tiempo suficiente para hacer negocio a mansalva. Esto sólo les pasa a mis cuñados, la hermana de mi mujer y su marido. Como son unos pobretones de solemnidad, sólo se podían pagar esta compañía low cost tan despreciable. Yo suelo viajar con Fly Emirates, que de combustible no escatiman. Mis viajes acá son de sólo ochenta horas y los gintonics que sirven los hacen de maravilla, los mejores. Eso es lo que marca la diferencia de una compañía a otra.

Mi mujer todavía no ha visitado la parcelita. Me dijo que necesitaba reflexionar, cogió a su mejor amiga del brazo y se fue. Se fue con ella y mi American Express. Y lleva ya seis meses viajando por el mundo de shopping. Yo ya le he dicho que ni se lo ocurra facturar todas sus compras, que luego pagamos un pastón para luego a los tres días querer venderlo todo por Wallapop. En fin… pero como ella quiere manejarlo todo, me manda a mi cuñada y al sieso de su marido para que inspeccionen la parcelita, para luego informarla de si está todo en orden y merece la pena venirse hasta acá.

Nada más salir por la puerta de llegadas, los reconocí al instante. Andaban arrastrando sus maletas con ruedines, con la boca abierta de par en par los dos, mirando las aeronaves familiares sobrevolando por el espacio. Si es que sólo les falta la jaula con la gallina y el saco de judías, catetos.

  • ¡Marijose! ¿Cómo estás? ¡cada día más guapa!
  • ¡Cuñadito mío!, tú que me miras con buenos ojos. Esto es increíble, y qué aire puro se respira aquí, ¡qué paz!
  • Es aire que sale de aquellos grandes depósitos. – le señalo con el dedo a lo lejos– Es algo provisional hasta que terminen el bosque artificial para el aeropuerto y otros servicios cercanos.
  • Hablando de cosas artificiales, ¿pero donde está Joseluis? Si hace un momento estaba contigo viniendo hacia acá.

La que me hizo mi cuñado. Lo buscamos mirando aquí y allá hasta que lo vi a lo lejos detrás de una palmera. No se le ocurrió otra cosa que mear detrás de la palmera. El muy zopenco no cayó en la cuenta que aquí estamos sin gravedad. Echó una meada tal, que salió volando su agüita amarilla por los aires. Intentó agarrarla con sus manos, pero era demasiado tarde, se esparció por el gran vestíbulo del aeropuerto. No tardó en llegar a otros pasajeros, que recibieron el impacto de la descarga líquida de mi cuñado y empezaron a frotarse la cara con sus manos, cerrando los ojos, como si entraran en trance, pensando que era un artificio del aeropuerto para la piel o algo. Sólo necesitaron tres segundos para olerse el horror en forma de gotitas que flotaba en el aire. Agarré a mi cuñado y a Marijose del brazo y nos fuimos de allí a paso ligero. Los gritos desaforados empezaron a encadenarse uno tras otro. La clave era no mirar atrás, bajo ningún concepto.

Conduciendo con el hummer campo a través por el campo lunar, un poco más tranquilos ya, mi cuñado me preguntó por una luces blancas que se veían a lo lejos de forma intermitente.

  • Son Mamadou y Binata, son senegaleses – les apunté- están sonriendo. Están trabajando en la finca de los Müller, sembrando no sé qué hortalizas sintéticas. Algunos nacen con suerte. Unos con una dentadura perfecta y otros tenemos que desembolsar un dineral para arreglarnos la boca. Qué injusticias tiene la vida.
  • ¿Es domingo, es que no libran?
  • ¿Li qué? qué cosas tienes Joseluis…

Después de escuchar bobadas proletarias llegamos por fin a la parcelita. Aparco el hummer y veo como hace fotos mi cuñada disimuladamente. El servicio de espionaje no ha hecho más que empezar.

  • Bueno chicos, acomodaos, en la planta de arriba tenéis vuestra suite, Lawan os ha dejado toallas y todo lo necesario por si os queréis duchar.
  • ¿Has dicho la uno no? ¿que en la habitación uno has dejado toallas y demás, no?
  • Marijose, de verdad, ¿qué viste en él?… No hombre no, Lawan es mi asistenta, es tailandesa, significa “hermosa” en tailandés.
  • Ah, que es hermosa. Cayetano, mi hermana es demasiado buena, te ha dejado la rienda demasiado suelta. Como comprenderás, es cuestión de tiempo que se entere de todo esto.

Y así toda la visita. A cada detalle que veía que no era de su agrado, me metía miedo diciendo que si Pitita sabía esto, que si Pitita supiera lo otro. Vaya par de desagradecidos. Poca gente de su clase social podría permitirse unos días en la luna y me lo agradecen así, meándose por los rincones, difamándome. De la excursión que hicimos al día siguiente a la otra cara de la luna no me dijeron nada. Les llevé a visitar la montaña más grande del satélite, el Selenean summit , de más de 10.000 metros de altitud, más alto que el propio Everest, situado en la linde de un gran cráter. Joseluis se quedó afónico intentando llamarnos durante toda la excursión. El muy bobo no sabía que si no conectaba el micro de la escafandra, no podíamos escuchar absolutamente nada de él. En la luna, al no haber gravedad, el silencio es absoluto.

En fin, ya pasó todo. El cruce de miradas entre mi cuñada y mi asistenta y sus impertinentes preguntas sobre mí no dejaron de sucederse durante toda la estancia. Menos mal que ya van camino a casa. Ya estoy en casa de nuevo, por fin puedo relajarme en el jacuzzi.

  • ¡Lawan! ¡Prepara el baño con burbujas,que vamos a ver el amanecer de la tierra desde el solarium!
  • ¡Pip piripiiip!
  • Ah, un mensaje nuevo. A ver qué se habrán olvidado estos dos…
  • Hola Caye, en cuatro días estoy allí, han ocurrido cosas, tenemos que hablar. Pitita

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Todos los datos aportados sobre la luna son ciertos. La duración del viaje de la tierra a la luna, la montaña más alta del satélite, la otra cara de la luna, el silencio por la ausencia de gravedad, la oscuridad del espacio…

Cada capítulo lo acompañaré con una canción dedicada a la luna. Elijo para esta ocasión la majestuosa “Blue Moon” de Ella Fitzgerald.

8 comentarios en “La parcelita (que vienen los cuñaos)

  1. Hola. Me encana esta nueva serie, más aún después de la cuarentena. No miremos a otros planetas y disfrutemos del nuestro. No miremos a otros lugares y disfrutemos del nuestro. No miremos otras ilusiones y disfrutemos de las nuestras. Un abrazo

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    1. Hola Juan, no sabía que me seguías, ni si quiera quién eres, pero me alegro de leerte. 🙂La felicidad comienza en nosotros mismos, en ser felices aquí y ahora. Simplemente por ser y estar. Un abrazo.

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  2. Muy buena la segunda parte, me alegra saber que vas a ir por capítulos ¡viva! Lo que me he reído con el inconveniente de orinar en lugares sin gravedad… el cuñado no podrá pisar más el aeropuerto muajaja. Esto me recuerda a la gente que se descompone en la montaña rusa…y alguien recibe el vómito ¡jo! Saludos 🙂

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    1. Estáis animándome a crear un monstruo Coremi. 😀 El cuñado a estas alturas estará ya más que fichado, que con las tecnologías que hay hoy en día… Sobre los episodios vomitivos en la montaña rusa tengo suerte de no haberlo visto de cerca ni haber sufrido nada parecido. Que sino puede producirse un efecto en cadena horripilante! Saludos 🙂

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