Perdido en el Sur: Calabria y Sicilia (cap.1)

Perdido en el Norte por unos días se convirtió en Perdido en en el sur. Como veo que el texto se alarga inevitablemente, lo voy a dividir en capítulos. Lo hago con el propósito de compartir lo visto y visitado y para que luego dejarlo por aquí para que no se me olviden tantas cosas que han pasado en el viaje. Allá vamos. 🙂

Hace ahora casi 10 años que me surgió la posibilidad de visitar el sur de Italia, Calabria. Había oído hablar de que aquella región, donde el tiempo parece que se hubiera detenido por décadas. Donde los pueblos se aglutinan en lo alto de los montes, con vistas panorámicas de infarto al mar Jónico y Tirreno. Todo esto lo quería haber conocido diez años atrás, pero la crisis trastocó todos mis planes y los de muchos otros. Nada de vacaciones, nada de viajes, tocaba subsistir.

El tiempo, el azar, volvió a presentarme la posibilidad de visitar aquella tierra, gracias a Maria, que me metió el gusanillo por conocer su tierra. Y allá que nos fuimos a principios de octubre.

Ryanair, a pesar de ser noticia en numerosas ocasiones, debo decir que todas las veces que he volado con ellos ha sido todo muy fácil. El auropuerto de Düsseldorf de Ryanair me queda relativamente cerca y el de Lamezia Terme, también de Ryanair, te deja a las puertas de la punta de la bota.

Nuestra primera visita fue Pizzo. Un pueblo con algo de turismo a medio camino de Tropea. Una de las curiosidades para ver se encuentra justo antes de llegar al pueblo, se trata de Piedrigrotta, una iglesia construida en una cueva pegada al mar. Las figuras y escenas biblicas se confunden entre las rocas. Es toda una curiosidad visitar una iglesia tan insólita.

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Piedrigrotta.

Después de Pizzo llegamos a  Tropea, a unos 50 o 60 kms de Lamezia Terme. Es uno de los pueblos más turísticos de toda Calabria, está encaramado a un barranco que termina justo en el mar, convirtiéndose en un gran balcón con vistas al mar de aguas turquesas. Las terrazas de los restaurantes abundan en la calle principal, la gente iba en pantalones cortos y chanclas. El ambiente era de lo más relajado y veraniego. Comimos,  y dimos una vuelta por todo el pueblo, embelesados por el encanto de sus calles y de sus playas. Café en el chiringuito, y con ganas de darnos un chapuzón en el agua. El tiempo se fue volando y tomamos dirección al este con el coche de alquiler que recogimos en Lamezia Terme, a Riace, el pueblo que se hizo famoso por encontrar unos pescadores hace más de  45 años dos estatuas de bronce de la época griega en un perfecto e increíble estado de conservación. Motivo por el cual muchos turistas visitan el museo de historia de Reggio di Calabria, para visitar las estatuas de bronce.

He de decir que la fama que tienen los italianos de conducir temerariamente es cierta. Hay dos tipos de conductores, los temerarios, que son legión, que adelantan con lineas continuas , sin espacio con los coches que vienen de frente, y a escasos centímetros de ti. O los huevones. Los que van a paso tortuga, que son los que menos,  se arriman a la derecha para dejar paso a los temerarios. Las carreteras por las que pasamos desde Tropea hasta la autoestrada, la autopista, unos 40 kms o así, lo flipamos pero bastante, con los pueblos perdidos que hay en las montañas de Calabria, zigzageando de izquierda a derecha por carreteras que seguramente no se arreglan desde la época de Mussolini.

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