Dormido con la puerta abierta

Por las mañanas, camino al trabajo, cruzo el emblemático puente de Wesel, ese que se ilumina de colores violeta y lila por la noche. Sirve para cruzar el Rhein, el río que nace en Suiza, cruza toda Alemania y muere en Holanda. Eso es lo más parecido a el mar, mi referencia acuática. No es mi Mediterráneo, las comparaciones son odiosas pero, es lo que hay. No muy lejos de allá, se puede ver los restos del antiguo puente de la ciudad, el que bombardearon los aliados en la II Guerra Mundial, como tantos otros puentes durante la contienda.

Siempre pienso que los alemanes tienen tanta industria porque gran parte del tiempo hace mal tiempo, llueve, hace frío… No siempre claro, pero muchísimo más que en España. Y como no tienen otra cosa que hacer, trabajan.

¿Y los bares?, pues hay, pero son otra historia, otro plan. O son sitios para directamente beber, pubs, biergarten, o para directamente comer, o tomar un café y un kuchen. El concepto de bar, “locales sociales”, como los llamo yo, no se lleva. Esos sitios donde igual te sirven una cerveza que un cortado, que te comes un bocata que un plato combinado, no un kebap ni un curry wurst mit pommes, que es lo que se lleva aquí. O qué sé yo, te echas una partida de cartas o un parchís. Y no hablemos de comprar tabaco en el bar.

Lo que quería decir con todo esto es que por las mañanas suelo ver en una zona residencial, donde trabajo, máquinas expendedoras de tabaco, en la calle. Qué triste. Salir el vecino o vecina porque se le ha acabado el tabaco, comprarlo en esa máquina y volver a casa. No hay lugar de encuentro. Para casa se ha dicho.

Tampoco tienen la costumbre de simplemente “estar en la calle”, o estar en el jardín. Muchos días hace malo o refresca, pero hay muchos días buenos, soleados, y no se ve ni un alma en esos jardines. La zona donde vivo lo normal es tener un casoplón con su correspondiente jardín y su caseta de madera para meter vete tú a saber qué, porque tienen unos keller, unos sótanos, que son como bunkers enormes para meter trastos.  Muchos trastos.

Creo firmemente en la teoría del canario. Mete a un canario en una jaula, dale de comer durante semanas, meses. Luego prueba a dejar la puerta abierta de esa jaula. No temas, no irá a ninguna parte. Lo mismo pasa con los alemanes. Con honrosas excepciones, por supuesto.

Viajar, conocer otros sitios, otra gente, otras formas de vivir, hacen que veas las cosas con una perspectiva más grande, siempre comparando a unos y a otros, sus pros y contras. Encontrando respuestas. Pero a medida que vas sabiendo más,  más preguntas te haces, más interrogantes.

Nosotros, como dice la canción de Antílopez, dejamos la puerta abierta, por si acaso.

Mente despierta, siempre pensante, dormida con la puerta abierta”.

 

Pd. Pedrito y los Antílopez crean magia. Grandes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s