La isla bonita

Los días que mejor me he sentido, con las pilas puestas, activo, contento porque sí, fue durante mi estancia en Mallorca, donde pude vivir la isla sin pensar en el calendario, casi  como ellos, viviéndolo todo más pausado,  más intensamente.

Vivía en el centro de la isla, en uno de los pueblos más típicos. Llevaba lejos de la marabunta de turistas, disfrutando del buen tiempo de las Baleares, su clima templado, su explosiva primavera. Lo tenía todo planeado. Busqué mi trabajo, busqué mi alojamiento, me llevé el coche con todos mis atalajes, para luego volar a Barcelona y coger mi moto para recorrerme la isla como más se disfruta, en moto. Me planté en la isla de nuevo al atracar el ferry en el puerto de Alcúdia salí por la rampa con la moto envuelto en la noche estrellada,  a las cuatro de la madrugada, somnoliento por dormir en el suelo del barco, pero con la misma ilusión que los colonizadores del far west. Toda esta odisea, solo, para vivir la experiencia. No me importaban las incomodidades eventuales, cumplía todo lo que me había propuesto, esa era la mejor medicina para seguir adelante. Pensar algo, y hacerlo.

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Cada mañana, me levantaba temprano y cogía la moto, vestido de blanco impoluto, como los ibicencos, como un indiano. Pantalones cortos blancos, camiseta blanca, barba naufrago en prácticas y un color de piel bronceado que hacía años que no lucía. Me plantaba en el centro de Palma después de ver pasar por encima de mi cabeza numerosos aviones cargados de gente en busca de rayos de sol y otras especias. Aparcaba donde podía y veía el continuo desfilar de turistas, como un reguero de hormigas coloradas con  sombreros de ala ancha y pamelas coronadas en sus testas. Cada loco con su tema.

Había dejado la paleta a un lado para pasar a ser pintor y manitas en general. Durante el día podía pasar de todo, menos aburrirme.  Al terminar la jornada, salía del casco urbano montado en la moto, en busca de una de las muchas calas y playas, preparado ya con mi toalla y mi bañador. Unos baños y  a relajarse tomando el sol. Una cervecita con alguna amistad y para casa.

¡Qué vida esta!

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Estos días de reflexión forzada, de confinamiento, se me antoja  visitar más y más islas, conquistarlas, o que me conquisten a mí.

Cuidado con lo que sueñas, que igual se cumple.

 

Alegria de Antònia Font, uno de los grupos de Mallorca más conocidos y queridos de la isla, explica bien el sentimiento que  venía a contar con todo esto. Si entendéis el mallorquín me daréis la razón. 🙂

 

3 comentarios en “La isla bonita

    1. Hola chicos, qué tal? Espero que bien. Pues soy un tipo raro, nunca fui a Canarias y me he propuesto visitarlas si no todas, al menos alguna de la más salvajes. Ya sé que vosotros tenéis mucha experiencia con islas paradisíacas. Si llega el Casio ni dudéis que os pregunté por tips y demás. 😊

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