Comer o morir – Suppenhaus Brienz

Suena un poco dramático el título, pero es lo que a uno se le pasa por la cabeza cuando se encuentra en el dilema de comer una comida que deja mucho que desear. Esto es lo que solté  hoy en el restaurante donde comemos cada día cuando vi como rebufaban mis compañeros. Otra vez el  rösti mit bratwurst und zwiebelsauce. Las papas a lo pobre (pero en este caso precocinadas, la salchicha y la salsa de cebolla. Un manjar oiga (nótese la ironía).

bratwurst-mit-rosti

Y es que uno se tiene que hacer a la idea, cuando no te queda más remedio que comer lo que te ponen, o lo haces y consigues tener un estómago a prueba de bombas, o mueres irremediablemente. De inanición vaya.

En España puede que un día tocase un menú que así asá, aunque suele haber más platos para elegir, pero aquí no, normalmente, es el plato del día y ya. Y normalmente, es una cocina aburrida, poco laboriosa. No vamos de gourmets, pero queremos una calidad mínima de lo que comemos. Como hecho de menos mi platos de lentejas, mis cociditos, mis buenos macarrones, una cosa tan sencilla como unos buenos macarrones, y el vino con gaseosa. Como cambian los tiempos.

Aparte de mis desventuras gastronómicas de cada día, hoy me ha llegado a mi buzón el calendario del nuevo Suppenhaus Brienz.

Cada año en el pueblo donde vivo, a principios de noviembre y hasta marzo del año siguiente, tienen la costumbre de hacer sopa para los vecinos. Esta costumbre o tradición vienen haciéndola desde 1846, de cuando los suizos las pasaban putas y muchos acudían a salones donde ofrecían sopa gratis para los más necesitados. Esta costumbre se ha ido perpetuando, dejando atrás la pobreza y transformándose en una tradición más del pueblo.

Cada sábado un vecino se encarga de hacer una sopa para el resto de vecinos. Esta actividad me la contaron mis caseros cuando llegué aquí el año pasado, por si quería probar la sopa que hacen. Sólo tenía que llevar un botecito de plástico con tapa y dejarla en la cocina donde hacen las grandes ollas de sopa. Dejas el dinero encima del bote (precios muy asequibles para ser Suiza), según lo que pidas en un papelito los litros que quieres junto con tu nombre. Y ahí  dejas el dinero y nadie toca nada. Cosas de Suiza y de los pueblos.

La primera vez que fui con mi botecito, sentí como me escaneaban con la mirada las vecinas y vecinos. Éste no es de aquí. Pensarían. Los saludo en alemán, intentando imitar su acento plueberil. Una sonrisa, un tschüss, un adieu y hala, arreando pa casa con el bote de sopa, que por cierto está riquísima.

Pero antes de que digan que no me adapto a las comidas de otros países, he de decir que me gusta un buen fondue, una buena raclette , el Älplermagronen, el Berner platte, el plato típico de Suiza, carnaca y verduras de la huerta, básicamente, o muchos otros platos que conozco y que si lo preparan bien, pues claro que sí, están ricos. Pero claro, uno lo compara con la rica gastronomía española y como que que me sabe a poco.

Tengo curiosidad por saber cuales son los platos en Alemania. En cuanto tenga una idea más clara de su gastronomía, suelto mi veredicto por aquí.

 

Un comentario en “Comer o morir – Suppenhaus Brienz

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