Alemania, Francia, Suiza, Barcelona y la Costa Brava

Después de un viaje infernal en su último tramo, cogiendonos por medio una gran tormenta desde el norte de Francia, pasando por Luxemburgo y gran parte de Alemania hasta casa, puedo sentarme aquí a hacer una breve crónica de estas vacaciones. No por nada, sino para que no se me olviden cosillas, que luego a uno se le olvidan esos pequeños detalles que no quiere olvidar, o le hace gracia recordar de tanto en tanto.

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Las calles de Annecy.

Desde que salimos, viajamos con un tiempo horroroso, propio de las tierras del norte. Lluvias, vientos, cielos grises. Huíamos tanto como el coche y las normas de tráfico nos lo permitieran. La idea inicial era parar en Heidelberg, una de las ciudades más bonitas de Alemania, pero la idea era hacer noche en campings, disfrutar de la naturaleza y tal, pero la naturaleza se empeñaba en que la disfrutáramos pasados por agua. Después de una breve parada en Fribourg, mi primera ciudad de acogida en Suiza, acabamos recalando en Annecy, la Venecia francesa. Una ciudad del norte de Francia, no muy lejos de Ginebra. Los Alpes al fondo, su lago, sus canales y calles con encanto eran cantos de sirena para que paráramos allí. Después de hacer el checking en el camping, mezclando los idiomas entre francés, inglés y español, por aquello de facilitarnos el trabajo unos a otros no sin cierto caos con el resultado final, nos dirigimos a la ciudad a turistear un rato. Nos gustó, pero el tiempo era algo inestable y lleno de ventiscas.  Nos marchamos de allá al día siguiente con la ilusión de buscar temperaturas más cálidas y esos rayos de luz que tanto  echamos en falta.

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Fribourg, la primera ciudad a la que llegué para trabajar en Suiza.

Ingenuos de nosotros, nos comimos un señor atasco en la A7 a la altura de Montelimar, zona habitual y chunga en cuanto a caravanas e imprevistos. Nos lo comimos con patatas. Hicimos maniobras fuera de la ley en repetidas ocasiones hasta que pudimos salir en la primera salida que encontramos. Cuando ocurrió eso ya habían pasado más de tres horas. Nos escapamos por carreteras secundarias huyendo del caos. La cola de la gente que quería entrar en la autopista era inmensa, de unos 18 kms calculamos, pero ninguno de ellos podría imaginarse cómo de grandes eran las retenciones. Huimos, a lo loco y sin Internet, porque escuchando a Julio Iglesias por el Spotify me caparon los datos de conexión por no pertenecer el país alpino a la unión europea, mi contrato no incluía la tarifa plana normal en Suiza. Cagada total.

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Desde le Route des Alpes, el gran balcón que divide el centro nuevo y la ciudad vieja de Fribourg. Justo debajo  de esa baranda estuve trabajando en un edificio histórico hace ya 8 años.

 

Decidimos recalar en Avignon, no pensada inicialmente, pero el tiempo se nos echaba encima y a partir de las 18:30 en adelante no suelen acoger a más gente en los campings. En este de Avignon por suerte sí. Situado justo al otro lado del río Ródano. Sólo teníamos que cruzar un puente, no el viejo, que te lleva a la mitad del río, sino el que te da acceso a la ciudad vieja, ciudad con el palacio de los papas. Y los Richals, si me apuráis. Chiste malo, lo sé.

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El palacio de los Papas. Avignon.

 

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Avignon.

 

La ciudad es guapa guapa, con un conjunto medieval digno de admirar, y el palacio de los papas es impresionante. Todo, las vistas desde lo alto de la colina que corona la ciudad, el río, la llanura donde está situada, los jardines, la naturaleza. El peso de la historia del lugar, y los franceses, el espíritu con el que sus gentes impregnan la ciudad. Nos habría gustado patearla más a fondo, aunque vimos bastante, pero aquí el abuelo cebolleta sufrió su segundo ataque de lumbalgia en lo que lleva de vida. La primera vez me ocurrió en Suiza, por no taparme bien trabajando a -5º. Vi las estrellas y me quedé pajarito. En este caso el frío no fue tan extremo, si que hubieron cambios de temperatura algo extremos pero no a esas temperaturas tan bajas. Eso sumado a el colchón inflable de dudosa calidad a la hora de descansar correctamente en él, debieron hacer mella en los riñones que, porqué no decirlo, ya tienen su tiros dados. TOTAL, que vi las estrellas de todos los colores. Aguanté como pude, recogimos como pudimos, nos despedimos de la ciudad con la sensación de no haberla disfrutado al 100%, y decidimos poner punto y aparte en nuestro pequeño viaje hacia el sur con pausas en los campings. El imprevisto de los dolores se sumó a la gota fría que pronosticaban en todo el sur de Francia y toda la costa este de España. Hicimos bien, bajamos directos a Mataró, lugar donde recuperamos fuerzas y pensamos en cómo prevenir nuevos imprevistos, tema colchón, y pequeños detalles para hacer más llevadero el viaje.

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El Maresme desde las montañas del Litoral, desde Cabrils.

Como era de esperar, la estancia en Mataró transcurrió entre visitas familiares y con amigos, los pocos que pudimos ver. O por ejemplo encontrarme treinta años después con mis antiguos compañeros de clase. Con algunos casi hacía treinta años que no había vuelto a hablar. Era como si todos esos años hubiera sido un suspiro, un verano. Todos ya hechos unos hombres, muchos con canas ya, con hijos, casados o no, pero en el fondo iguales. Fue un bonito reencuentro. Siguieron los días de playa de Mataró, o en la de Cabrera. Visita a las calas de la Costa Brava, las conocidas y  menos conocidas, sus pueblos. El tour express fue considerable. Volvimos a Tossa de Mar, subimos el Burriac, en fin, todo muy espontáneo. Cuatro recados pendientes, cuatro arreglos, alguna escapada a Barcelona y Badalona y ya, ya tocaba volver a casa. Nos despedimos, cargamos el coche con cuatro recuerdillos gastronómicos y nos dirigimos de nuevo a Francia.

La idea era parar a hacer noche en Nimes y visitarla. Pero la vimos tan grande, y tan complicado para aparcar con todos los trastos a cuestas, con el peligro que eso conlleva, que decidimos adentrarnos un poco más en la Camarga y hacer noche en Arlés. Todo un acierto por el camping, cercano a la ciudad y por la ciudad en sí, llena de vida y que rezuma arte por los cuatro costados. Exposiciones de cuadros aquí y allá, murales por las calles de artistas callejeros, música en el centro, todos chic, todos bien vestidos. Los chicos y las chicas de allá son todos interesantes, guapos y guapas. Se nota, se percibe. Algo que no pasa muy a menudo en Alemania.

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El Ródano pasando por Arlés. Uno de los ríos más importantes de Europa.
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El famoso Café la Nuit que pintó Van Gogh sigue igual como lo pintó!
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El famoso cuadro de Van Gogh.

 

En el camping conocimos un chico alemán de unos 20 años que venía haciendo una ruta en bici desde Freiburg siguiendo las orillas del río Ródano (el Rhone). Cada día se hacía unos 100 kms. Lo llevaba todo en su bicicleta, sus enseres, la tienda, la colchoneta… Su destino era Marsella y luego volvería a casa en tren desde allá. Solo. Nosotros a su lado parecíamos unos aficionados aburguesados.

Partimos con cierta pena por dejar tan pronto Arlés para dirigirnos más al norte, a Aix les Bains, donde se encuentra el lago  de Bourget, el lago más grande de Francia, de origen glaciar. Acertamos con el camping, tal vez el más espectacular por sus vistas al lago. Nos bañamos de buena mañana como si fuera una inmensa piscina natural. Por cierto, para la vuelta compramos un colchón inflable de Decathlon que se duerme mejor que con el colchón de casa. Canelita. Y la tienda, del Decathlon también, todo un acierto, montada y desmontada en un tris, justo lo que necesitábamos.  Me sorprendió durante todas nuestras paradas a los campings, sobre cómo había cambiado el estilo campero, ahora casi todos van con autocaravanas, con sus correspondientes bicicletas, incluso motos a cuestas, con todo tipo de gadgets que hacen que te sientas como en tu casa por un precio irrisorio en campings en plena naturaleza o cerca de interesantísimas ciudades.

Marchamos al día siguiente, no sin cierta pena por abandonar una región tan bonita en la región de Auvernia-Ródanos-Alpes. Un sitio para volver, decididamente más barato que Suiza, impresionante por supuesto, pero prohibitiva para una estancia de muchos días.

El resto del viaje, 900 kms de nada, fue huyendo del mal tiempo, como a la ida, pero sin mucha suerte, nos pilló en el tramo final del viaje, poniendo a prueba nuestra capacidad de concentración en la carretera. Volvemos al norte. Perdido en el norte otra vez.

Estas son algunas de las imágenes de estos últimos días.

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Aigua Xelida
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Tossa de Mar desde el camí de Ronda.
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En mitad de la costa brava, entre Tossa y Lloret.
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Sant Feliu de Guixols.
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El puente que se adentra en el mar, en Badalona.
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Cerca de Cala Xelida, piscina natural.
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El camí de Ronda de Llafranc a Calella de Palafrugell.
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Desde el faro de San Sebastián. Al fondo Llafranc y Calella de Palafrugell.
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Llafranc.

 

 

2 comentarios en “Alemania, Francia, Suiza, Barcelona y la Costa Brava

  1. Buen viaje el que os habéis marcado. El año pasado estuvimos en Llafranc y Calella y si no es en ese punto del camino de Ronda es uno muy parecido donde nos hicimos una foto más o menos a la misma distancia que la tuya.
    Tomo nota de varios de los sitios que mencionas, Avignon en particular ya que el pasado año me quedé con ganas de ver. Hicimos una ruta en coche por Francia comenzando en Albi y de ahí a Carcasona, Montpellier, (muy cerca de Nimes y Avignon) Marsella y Niza. Luego fuimos a Mónaco y ya que estábamos por esos lares, nos acercamos a San Remo. Montecarlo mira, mucho lujo y tal pero de camino paramos en unos pueblos alucinantes, te recomiendo Ezé. Los otros ahora mismo no los recuerdo.
    Yo también sigo en el norte, de España, pero vamos, que con estos calores parece que estemos en Sevilla.
    Un abrazo y que no haya sido muy dura la vuelta a la rutina.
    Qué gilipollez. La vuelta a la rutina siempre es dura, por decirlo de una manera suave.
    Lo dicho. Un abrazo.

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    1. Hola Salva. Pues buen destino escogiste si estuviste por Llafranc y Calella. Has estado en los Jardines de Cap Roig? en verano hacen un festival de música internacional, traen siempre a los mejores. Canela.

      Pues Avignon te la recomiendo, eso seguro, Montpellier entré alguna que otra vez pero no me quedé mucho tiempo, es una ciudad grande, como Marsella. Nimes la quería visitar pero como cuento en el post, no era plan dejar el coche con todo el equipaje a la vista en el coche. Otra vez será. La ruta de Niza, San Remo, Mónaco y demás queríamos hacerlo pero al final nos faltaba tiempo y nos sobraba mal tiempo también.

      Hace calor por allá arriba? jodó, si ya estamos en octubre. Y eso, que ya estoy de lleno en la rutina, pero espero que no por mucho tiempo, jeje… un abrazo, me alegra verte por aquí.

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