Berlín, la ciudad no es para mí

Vengo de visitar Berlín durante cinco días. Nada más cumplir 43 años, después de la fiesta de cumpleaños, cogimos rumbo a la capital alemana que se me había estado resistiendo durante todo este tiempo, dejándola pendiente para más adelante, como tantas otras ciudades importantes.

Iba a poner en el título del post, “5 días en Berlín” o “Berlín en cinco días”, tanto monta y tanto da, ya se han apresurado mucho viajeros a contar y explicar con muchos datos, transportes, tours, alojamientos, precios y demás, sobre la ciudad menos alemana de Alemania. Intentaré dar una visión honesta de lo visto y vivido allá.

En el título de esta entrada hago referencia a una de las películas de Paco Martínez Soria, “La ciudad no es para mí”, donde a ratos, me sentía como Martínez Soria,  atropellado, literalmente hablando, por el ritmo frenético de la gran ciudad. Y así es como me lo tomé, sin complejos, como un turista más, visitando los rincones en principio más típicos y característicos de la ciudad, para luego dejarme perder por sus calles.

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Nada más llegar a la Hauptbahnhof de Berlín, vi como un enjambre de personas iban de aquí allá, subiendo y bajando por las numerosas escaleras eléctricas de sus cuatro pisos de altura que tiene la estación central. Cruzándose los trenes a diferentes alturas como si nada. Bienvenidos a la gran ciudad. Por suerte nos alojamos a tres paradas en tranvía de la Alexander Platz, la plaza donde salen todas las comunicaciones tanto en bus, como metro o tranvía, incluso tren. Podíamos ir andando tranquilamente a uno de los barrios más cool, por así decirlo, el Prenzlauer berg. Antiguo barrio de la zona este de Berlín que conserva el encanto de antaño con sus edificios señoriales, provistos de grandes porticones donde se accede a las viviendas y al patio al fondo donde suelen guardar las bicicletas sus vecinos. En muchos casos, esos porticones no se molestan a borrar o pintar de nuevo sus puertas llenas de grafittis, quedando como algo más de la decoración urbana de la zona.

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Muchas de las puertas presentan este aspecto.
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Este bulli granate, situado en uno de los barrios más acomodados es de lo más corriente verlos  en las calles. Tartanas andantes que se cotizan más a cada año que pasa.

IMG-20191205-WA0010Berlín está llena de startups, de emprendedores. Todos quieren trabajar en una confortable oficina, en un sitio bonito y por así decirlo, como muy casual. Creo que los que llegan a la gran ciudad, sobre todo los jóvenes, siguen unas pautas en la forma de vestir, y en modo de vida como la de tener un bulli, una furgoneta, preferiblemente una Volkswagen, T3 o una T4, especial para hacer camper o directamente unos pepinos de furgonetas para irse de aventura, que parece que es la tendencia general de los jóvenes acá, acumular aventuras y experimentar nuevas sensaciones, en muchos casos solos. Pero bueno, no puedo generalizar, sólo estoy hablando de una parte, importante eso sí, de los que llegan en busca de una vida diferente a la típica alemana. Alemana o de cualquier otro país.

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Donde la Merkel y el resto de sus compinches piensan en nuestro futuro, en el Reichstag.
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En el muro de Berlín, paseando, o haciendo el paseíllo.

 

 

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En el mismo trozo del muro donde se exponen murales de artistas de todo el mundo. Este es el más famoso, el del beso fraternal, que no el más original.

Pero dejando a un lado el perfil de los que habitan en Berlín, que no los Berlineses, ojo, puedo comentar que visité la puerta de Brandenburgo sí, claro, o el edificio del Reichstag, donde la Merkel y el resto de políticos alemanes elaboran el destino y las leyes del país teutón, y de gran parte del resto de países europeos. El Tiergarten, que queda al lado, lo vimos de refilón. Por lo visto es muy grande y bonito, pero en verano. En invierno pues como que no. La Rathaus, el ayuntamiento, pues bonito sí, muy grande y céntrico. ¿Vaya sorpresa no?, pegado a la gran torre de telecomunicaciones, que se puede ver desde casi cada rincón de la ciudad debido a su altura. También subimos a la terraza del hotel Park inn, situada en la misma Alexander Platz.

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El Park Inn, el hotel rascacielos de la Alexander Platz donde subimos hasta su terraza.
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Desde la terraza del Park Inn.

Subimos a la terraza, 35 pisos en ascensor y cuatro más a pie. Pagas 4 euritos por acceder a la terraza pero vaya, merece la pena. Es algo que solemos hacer en cada ciudad que visitamos.

Por cierto, entra tantas idas y venidas con el transporte público, de vuelta de visitar la ciudad de Postdam, aparecieron de la nada dos chicos en el vagón de tren con sus correspondientes acreditaciones como controladores de tickets, pero vestidos de manera informal, de camuflaje vaya. Un chico de origen turco y uno de origen asiático, jóvenes y fornidos. Suelen hacer controles por sorpresa en diferentes vías a diferentes horas, cambiando a su personal de paisano. En Berlin los transportes públicos no tienen barreras, pero si te pillan sin tu correspondiente ticket, te llevas un buen recuerdo.

Visitamos también otras zonas como Kreuzberg, la zona turca, o Friederichsain, o la zona de los murales en el trozo más grande que conservan del muro de Berlin, con casi un kilómetro y medio de largo. O el famoso Checkpoint Charlie, el puesto fronterizo más conocido de la ciudad.

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El monumento al Holocausto, dedicado a los judíos.

El monumento al holocausto, el homenaje a los judíos muertos en la II Guerra Mundial, que no es otra cosa que un llano lleno de cubos de hormigón de diferentes alturas que se convierte en un laberinto cuando te adentras. El autor quería representar la confusión con todo lo acontecido, y la sensación de angustia. Pues lo consigue con creces. Y en fin, hay diferentes zonas donde se conmemora y recuerda la antigua ubicación del muro, con carteles explicativos y fotos de aquellos años. A escasos metros de donde se encontraba el muro ahora proliferan modernas casas – oficinas de hipsters que creen que es de lo más vivir en un sitio con tanta historia. Después hay barrios como Schöneberg que son conocidos barrios gay, este en concreto el más conocido de todos, o zonas como Charlottenburg, mucho más señoriales, y  más para gente mayor, y pudiente, todo hay que decirlo.

 

La ciudad de los Museos

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La famosa puerta de Ishtar.
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En el Neues Museum, al fondo la famosa cabeza de Nefertiti.
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El Neues Museum en su segunda planta estaba echo unos zorros, pero era bonito hasta así.

La ciudad de los Museos, aglutina hasta 5 museos (aunque Berlín cuenta con más de 170 museos), estos cinco son algunos de los más conocidos. Entre ellos está el Museo de Pérgamo, el más visitado de la ciudad, y justo al lado de él está el Neues Museum, el nuevo museo, con colecciones de restos arqueológicos de Egipto, sarcófagos, mómias, utensilios varios, estatuas, esqueletos del pleistoceno por lo menos y en fin. que de nuevo tiene sólo el Museo, porque lo que se expone tiene más años que Matusalén. Una de las cosas que más me fascinó, que fueron muchas, fue la cabeza de la princesa Nefertiti. Cuando digo la cabeza, digo una escultura de la cabeza de la antigua princesa-reina egipcia, de belleza legendaria, que se puede apreciar con esta realista e impresionante escultura de más de 3500 años de antigüedad que todavía conserva sus colores originales. La cabeza la custodiaban dos vigilantes que no le quitaban ojo ni a ella ni a los turistas que nos acercábamos. Metida en una vitrina en la semi-oscuridad. Telita. Y fascinante la historia de esta poderosa y legendaria reina egipcia, que resultó ser a posteriori la suegra del célebre faraón Tutankamón.

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El Dom, o lo que es lo mismo, la catedral.

Bueno, dejo los egipcios porque me enrrollo. Que cada uno busque más datos si le interesa. El otro museo anteriormente mencionado, el de Pérgamo, que tiene numerosas reliquias de la antigua Babilonia como la puerta de Ishtar, una de las ocho puertas en total que tenían la ciudad para dar comienzo las fiestas del año nuevo. Está íntegramente expuesta en el museo. Una barbaridad, un trabajo faraónico vaya desmontar esos azulejos para montarlos de nuevo y con éxito en el museo. Diez metros de alto por 14 de ancho. Con azulejos azules y representaciones de leones  toros. no sé, todo es tan impresionante lo que hay  ahí metido, tanta historia recreada en aquel lugar. Es imposible contar todo lo que hay ahí metido. Algo que me hace cuestionar qué sería lo correcto. Haber dejado todo aquello en su país de procedencia y dejar que lo asaltara cualquiera o se acabara de estropear, o eso, rescatar pedazos de historia que te recuerdan lo hormiguitas que somos en la historia del ser humano. También alberga un montón de reliquias del islam, de Roma y Grecia. También está el museo, más en el centro de la ciudad, dedicado  a la historia de la Gestapo, las SS y tal, los nazis vaya. Con una recopilación de fotos y datos de todo lo que ocurrió y de sus protagonistas. Se llama Topografía del terror, y no es para menos.

 

Mucho español en Berlín

Ya había oído hablar de que en Berlín había mucho español suelto. En Düsseldorf también, y en Amsterdam, y en Bruselas… hay a patadas. Pero una cosa es oírlo y otra cosa verlo. Quedábamos en un local de estos modernitos, con butacas viejas de la yaya y demás, todo muy lúgubre, y ahí teníamos al lado a dos chicas españolas. ¿Que pruebo los famosos currywurst mit pommes famosas en la ciudad por ser ricas? pues allí tenía a un par de parejas a un lado y otro haciendo lo mismo, comiendo de pie cosas muy sanas, como un servidor. ¿Que nos vamos a Postdam?, una ciudad a las afueras de Berlín a visitar su impresionante castillo, allí teníamos a otra pareja española. ¿Que visitamos un mercado navideño de estos típicos que tomas tu glühwein y tomas tus salchichitas y tal? pues allí estaba un grupo de chicas españolas enredando y probando cosas, como nosotros. Pues eso oiga, que a los españoles el destino de Berlin nos tira, y los precios también, qué le vamos a hacer.

Otro dato que he oído con esto de pasar cinco días e interesarme por la ciudad, es que están yendo a vivir infinidad de gente, y “el monstruo” sigue creciendo, gracias a sus atractivas ofertas tanto de empleo como de ocio y relativos precios en la vivienda.  Es sólo por eso que nunca se me pasaría por la cabeza irme a vivir en una ciudad así. Eso y que el sol brilla por su ausencia demasiado tiempo.

¿Y a ti? viajero que me lees, ¿qué te pareció Berlín?

 

2 comentarios en “Berlín, la ciudad no es para mí

  1. Tuve una sensación MUY similar cuando fui hace 5 años, pero fue pleno invierno, con un frío de esos que no te olvidas más. En 2020 vuelvo, en verano, sabiendo hablar un poco el idioma, con la mente un poco más abierta. Ya te contaré qué tal la 2da opinión.
    Saludos!

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    1. Tuve un poco más de suerte entonces. Sólo nos llovió un poco durante un par de horas en los cinco días que estuvimos allí, casi a las puertas del invierno. Todos dicen que en verano es muy agradable y toda la ciudad se llena de verde. Y sí, si te defiendes con el idioma la cosa cambia. La gente de allí, los berlineses de verdad, se abren más y todo es más fácil. He de decir que cada vez que salíamos de una boca de metro buscando las calles, se nos acercaba un señor o señora mayor a preguntarnos qué buscábamos para indicarnos, muy amables.

      Un saludo!

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