Hola, dame bola

Pero si no quieres, tampoco pasa nada….

El final del verano va llegando a su fin y mi circuitos empiezan a solidificarse después de permanecer derretidos todo este verano. Estas meses los he pasado viajando, escapándome donde buenamente me dejaban las autoridades y arreglando el piso de cabo a rabo, con perdón.

Estos días, cuando ya no hace demasiado calor, pude ver el biopic de la vida de Jacques Costeau, el mítico comandante del Calypso, donde muestran las luces y sombras, que también las hay, una vida de película, como tantas películas que filmó para descubrirnos el inmenso mundo submarino, la riqueza de los océanos y en su última etapa de la naturaleza y su fauna en general. A finales de los años cuarenta, Costeau ya sentía fascinación por los mares, habiendo desarrollado la técnica que hoy en día se utiliza para sumergirse en el agua con bombonas de oxigeno junto a dos colegas más, amantes como él del mundo submarino. Grababan peliculitas con cámaras rudimentarias bajo el agua para luego exhibirlas junto a sus amigos y familia. De los tres el más locuaz a la hora de explicar cómo se siente al estar bajo el agua con los peces era él, Costeau. Decía que encontraba la paz, lejos del ruido, admirando un mundo bello y asombroso. De ahí hasta el infinito y más allá. Tal vez sus colegas compartirían el mismo sentimiento mágico del fondo de los océanos, pero Costeau fue un gran comunicador y un gran agente de marketing al darse cuenta del poder de movilización de la televisión. Dalí hizo lo mismo pero con el arte. Genios apasionados, pero con un gran dominio de los medios.

Otra película que en este caso he vuelto a ver es Papillón, la increíble historia de Henri Charrière, un preso francés que pasó media vida en cárceles de las colonicas francesas, desterrado de su país natal, con un espíritu de supervivencia brutal, que años más tarde contó en su autobiografía. La peli la interpreta como todo el mundo sabe, o casi todo el mundo, Steve McQueen, que era el Bruce Willis de los sesenta y setenta, un prota perfecto para películas de acción. Lo hace estupendamente bien, por supuesto, y las técnicas que utilizan en el 73 me parecen muy novedosas, es un peliculón en toda regla, pero el que tiene toda mi admiración es Dustin Hoffman, camaleónico como siempre, transmitiendo sólo con la mirada de desesperación en escenas del encuentro de Papillón y Louis Dega (Hoffman) después de reecontrarse y saber éste que Papillon no lo delató en todo el tiempo de castigo. O cuando se despidieron de la Isla del Diablo, saltando al precipicio Papillón ayudado por un saco de cocos, en busca de la ansiada libertad, mientras Dega lo ve con la cara desencajada del que sabe que se va a morir en aquella isla, solo.

Viendo esta recreación de la vida de Henri Charrière llevada al cine, imaginándome tantos años de confinamiento, de aislamiento en demasiadas ocasiones, total del mundo y de la gente, me río yo de nuestros confinamientos de andar por casa. Este tipo se comía cucarachas para sobrevivir y nosotros nos cortábamos las venas meses atrás porque en el súper se había acabado el papel higiénico.

Ahí va uno uno de los documentales más célebres de Costeau, viajando a la Antártida para descubrir los fondos marinos y conquistar las cimas de icebergs.

Y aquí el trailer del clásico film de Papillon.

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